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Mi hijo no controla sus esfínteres
Alrededor de los tres años de edad los niños adquieren la capacidad de
controlar sus esfínteres y piden ayuda a los mayores cuando necesitan ir al baño.
Sin embargo, un pequeño porcentaje de los niños mayores de tres años, no lo
consigue fácilmente. Padecen incontinencia fecal involuntaria, un trastorno que
recibe el nombre de encopresis. ¿Cuáles son sus causas? ¿Por qué es
importante actuar con rapidez? ¿Qué debemos hacer?
¿Cuáles son las
posibles causas de la encopresis?
En una inmensa mayoría
de casos la encopresis se produce por culpa de un estreñimiento crónico.
A veces, la presencia de fisuras anales implica dolor al evacuar. El niño se
aguanta las ganas de ir al retrete por miedo y esto acaba por provocar un fuerte
estreñimiento que le llevará a perder el reflejo anal normal. La acumulación
de materia fecal provoca la dilatación del intestino grueso que pierde su
capacidad de emitir la orden "necesito vaciar" al cerebro. La masa
fecal queda impactada en el colon y llega un momento en el que algunos de los
residuos acumulados en el organismo se licúan y rebosan.
Sin embargo, en la aparición
de este trastorno pueden influir también otro tipo de factores.
En algunas ocasiones, si los padres hemos insistido con demasiada perseverancia
en la necesidad de que controle sus esfínteres y no manche la ropa, puede ser
que el niño tenga una reacción de rechazo-bloqueo hacia los hábitos de
higiene. También pueden afectar en el no-control involuntario de los esfínteres,
alteraciones emocionales como el nacimiento de un hermano, la separación o
divorcio de los padres, una mudanza a una nueva casa, el inicio de un nuevo
curso o el ingreso en una nueva escuela, la ausencia de un ser
querido…etc.
¿Por qué es importante poner remedio al problema lo más rápidamente posible?
A parte de los graves
problemas intestinales que puede acarrear la contención de los residuos fecales
en el organismo, la encopresis es también fuente de sufrimiento psicológico en
el niño. Se siente molesto consigo mismo porque no es capaz de ir al baño como
todos sus demás compañeros. Cuando ocurre el desastre intenta por todos sus
medios que nadie se de cuenta pero para desgracia suya, lo que le ocurre es muy
fácilmente detectable por culpa del olor. Se avergüenza, se siente mal física
y mentalmente y encima, a menudo, los compañeros del colegio se burlan de él,
le ridiculizan y le rechazan.
Por todo ello, los niños encoprésicos tienden a
subestimarse. No se sienten a la altura de los demás y se aíslan con
facilidad. Si el problema persiste en el tiempo pueden convertirse en niños
poco comunicativos y también inseguros, tímidos. Su situación les provoca
rabia, frustración y ansiedad. En ocasiones pueden mostrarse agresivos por la
impotencia ante su problema.
¿Qué hacer?
- Acudir
al médico:
Aunque no se
trate de una
enfermedad,
debemos en
un principio
acudir al médico
para que
dictamine cuáles
son las
causas que
hacen que
nuestro hijo
no sea capaz
de controlar
sus esfínteres.
Él
determinará
si, debido
al estreñimiento,
es preciso
recetarle
algún tipo
de
medicamento
o laxante.
- Cuidar
su
alimentación:
Los dulces y
la leche
entorpecen
el
movimiento
del
intestino
por lo que
no son
recomendables.
Una dieta
rica en
fibras:
verduras,
vegetales,
fruta,
cereales…
estimulará
el
movimiento
intestinal
además de
que es muy
saludable.
- Entrenarle
para que
controle sus
esfínteres:
Por
la mañana, en el desayuno, le daremos una bebida caliente. Pasados unos quince
o veinte minutos, le llevaremos al aseo para que intente evacuar. Pondremos una
caja o cualquier otro soporte a sus pies para que pueda apoyarse. Le animaremos
a empujar diciéndole por ejemplo, que imagine que está hinchando un globo.
Nunca le forzaremos a permanecer allí más de cinco minutos.
Es muy importante desarrollar la conciencia del niño de las sensaciones y
acciones que están asociadas con las ganas de ir al lavabo. Continuaremos
supervisando el ir al retrete hasta que el niño haya conseguido una defecación
adecuada durante dos semanas. Le animaremos a tomar la iniciativa pero nunca en
tono de reproche.
- Realizar
un
seguimiento
de su
evolución:
Para un
seguimiento
conjunto de
su evolución
algunos
pediatras
recomiendan
la utilización
de un
sistema de
gráficas y
de
recompensas
para cuando
la evacuación
se haya
producido
con éxito.
Existen en
el mercado
unos
calendarios
diseñados
para tal
fin.
Realizar
este
seguimiento
es
especialmente
recomendable
si la
evolución
es positiva
ya que este
sistema
permite que
el niño
visualice
sus éxitos.
- Darle
todo nuestro
cariño y
apoyo:
Nunca
debemos
enojarnos
con él
porque ha
manchado su
ropa. Está
en nuestras
manos tratar
de que lo
viva de la
forma menos
traumática
posible.
Tampoco
debemos
negar el
problema
pero sí
hablarlo con
suavidad.
- Explicarle
el
funcionamiento
del
intestino y
el desajuste
que él
padece:
"¿Sabes
qué pasa
cuando
comes?
Cuando
tragas, la
comida se va
por un tubo
muy largo y
enrollado
que está
dentro de tu
tripa. Hay
unos
musculitos
pequeños
que le
ayudan a ir
pasando
-como cuando
aprietas el
tubo de la
pasta de
dientes-. Tu
cuerpo coge
entonces
todo lo que
necesita
para crecer.
Los restos,
que son todo
lo que no
necesitas
para hacerte
mayor,
llegan hasta
el final del
tubo.
Entonces, el
tubo que es
muy sabio,
le dice al
cerebro que
necesita que
vayas al
lavabo
porque está
lleno. Y
cuando vas
al lavabo,
entonces el
cerebro
ordena abrir
el paso del
tubo y que
salga todo
lo que ha
ido a parar
al final y
que no
necesitas.
Si no vas al aseo cuando
tu cerebro te lo pide, entonces cada vez se almacenan más restos en tu tubo y
no pueden salir bien porque hay demasiados y te duele. Para que esto no suceda y
no tengas que ir al médico a que te de una medicina, tienes que conseguir que
tus músculos empujen bien la comida y antes de que se acumule, la dejes
salir."
Prueba con explicaciones de
este tipo y hazle un dibujo si es necesario. El ayudarle a visualizar lo que le
ocurre sin duda le ayudará a comprender que él mismo puede poner fin al
problema.
En definitiva, debemos
evitar a cualquier precio es desesperarnos ya que esto no nos conducirá a
ninguna parte y le contagiaremos la ansiedad a nuestro hijo. Medicación
-siempre de la mano de un especialista-, alimentación, entrenamiento
y afecto, es el cuarteto de palabras en el que se halla la clave para
resolver el engorroso problema de nuestro hijo.
Ciara Molina García
Licenciada en Psicología
Con la
autorización de: www.solohijos.com
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