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Clases particulares
Jamás anota las tareas y hace los ejercicios de matemáticas
en el cuaderno de inglés. Cada tarde, cuando lo ve llegar con la mochila al hombro, su
madre inicia la pesadilla cotidiana: ¿qué hago con este niño? Piensa que un profesor
particular puede ayudarlo a estudiar y a llevar el ritmo de la clase. Si se opta por ello,
existen medidas preventivas que adoptar para que la solución no se convierta en vicio.
La
decisión de tomar un profesor particular no puede surgir de un enojo pasajero, tras
comprobar que todavía no domina las tablas de multiplicar. Por el contrario, los padres
deben evaluar tranquilamente la conveniencia de un profesor particular para ese hijo que
tiene dificultades con el estudio; le cuesta una materia en particular, o le falta un
método de estudio. Para no abusar de este recurso los padres deben saber que hay
situaciones típicas en las que la colaboración de un profesor particular estaría
justificada. Estas son las siguientes:
·
Retraso notable en el aprendizaje de alguna materia por causas diversas, como no haber
asistido a clases durante un período de tiempo amplio debido a enfermedad, incomprensión
sucesiva de la materia del curso, etc.
·
Menor capacidad para el estudio en una materia determinada. Por ejemplo, hay alumnos que
les va muy bien en todo, excepto en castellano.
·
Dificultad especial para el aprendizaje y perfeccionamiento de la lectura y escritura,
debido a algún trastorno de aprendizaje como la dislexia
·
Actitudes negativas hacia el estudio como la apatía habitual, flojera, indisciplina,
desorden en la realización del trabajo.
·
Carencias de hábitos de trabajo o deficiencias importantes en el método de estudio.
·
Peleas continuas a causa de estos problemas, que desgastan la relación familiar y acaban
con la paz del hogar.
Encontrarse
en alguno de estos casos no quiere decir que el profesor particular sea un recurso
obligado. De hecho, muchas veces el problema puede ser resuelto por el mismo colegio a
través, por ejemplo, de una evaluación correcta que detecta el problema del alumno y una
enseñanza individualizada que solucione el retraso.
También
existen padres o madres de familia que deciden dedicar una hora diaria, por ejemplo, a
estudiar con ese hijo y a enseñarle a suplir sus falencias escolares. Lo anterior puede
llegar a ser muy positivo e incluso mejorar la relación del padre o la madre con ese
hijo, siempre y cuando el progenitor tenga la paciencia y la paz necesaria para dedicarse
a él. Si carece de ellas, esa hora de estudio, además de ineficaz, se convertirá en una
batalla campal.
Según
la psicopedagoga Silvia Navias, cuando los padres y el colegio ya han agotado todos los
recursos, se puede pensar en las clases particulares. Es preciso meditar muy bien
esta decisión, porque el riesgo es que si un niño realmente no las necesita, puede
abusar de ellas y transformarlas en algo muy cómodo: el niño sabe que puede no poner
atención en clases porque en su casa se lo van explicar todo.
¿Quién
es la persona adecuada?
Una
vez que se ha decidido tomar un profesor particular es importante saber elegir bien a
dicho profesor, ya que una mala elección puede agravar el problema del estudiante.
Como
primera característica, Silvia Navias señala que ante todo debe ser profesional sólo
así, hay garantías de que el profesor sepa cómo tomar y manejar el problema del alumno.
Pero también los padres deben saber que no es suficiente con que sea competente en las
materias en que el hijo necesita ayuda. Además es necesario que sepa enseñar a estudiar,
a organizarse, a ser responsable y perseverante. De lo contrario, existen varios riesgos
como:
-
Facilitar excesivamente el trabajo de los hijos, por ejemplo, haciéndoles las tareas.
-
No adaptar la enseñanza a la situación de cada niño.
-
Limitarse a explicar los diferentes temas sin orientar al estudiante en las dificultades
que encuentra.
-
No exigir estudio personal previo y posterior a cada clase particular.
-
No seguir el proceso de aprendizaje de cada alumno para observar qué progresos obtiene en
relación con la situación de aprendizaje inicial.
En
resumen, existe el riesgo de que el profesor particular sea un mero instructor que no
estimule y oriente el desarrollo de los hábitos de trabajo personal, lo que a su vez
fomenta actitudes de pasividad y dependencia en el estudiante.
¿Cómo
obtener buenos resultados?
Para
que las clases funcionen y se obtenga un buen rendimiento, es bueno considerar ciertas
pautas de acción.
La
primera de ellas, según Silvia Navias es que el profesor particular necesita estar en
contacto habitual con los padres y sobre todo con el profesor jefe del colegio. De esta
forma, el profesor particular se familiariza con el sistema y organización del colegio,
conoce su nivel de trabajo y de exigencia. Además, este contacto hace posible definir las
necesidades inmediatas del niño con una visión más completa; trazar metas en
común;
actuar orientados por un mismo objetivo, e informarse mutuamente acerca de cómo responde
el alumno. Para obtener frutos el nexo es clave, no se puede ir por caminos
diferentes. En esos casos el resultado puede ser desastroso.
También
como forma de acción y con la idea de evitar la dependencia a las clases particulares, es
importante que:
-
El profesor particular oriente al alumno en la realización de las actividades
relacionadas con las dificultades a superar. Ello implica explicar el sentido de cada
tarea, sugerir procedimientos de estudio, aclarar puntos oscuros y dudas en la
comprensión del contenido de cada materia, informar de los aciertos y corregir los
errores.
-
El alumno debe saber que ésta es una ayuda temporal. El niño debe sentir que se le
está dando un apoyo puntual, por un problema específico y por un período determinado,
de manera que no se relaje pensando que en clases puede ser flojo porque en la casa se
pondrá al día. Así, cuando las clases comiencen a dar buenos resultados es bueno
ir distanciándolas, hasta suprimirlas por completo.
Las
otras clases
No
todo es estudio y de hecho es probable que en esta edad su hijo tenga mucho tiempo libre y
también mucha curiosidad por aprender cosas nuevas. Para esto las actividades
extraescolares como deporte, música, idiomas o danza son una buena solución. Sin
embargo, a la hora de tomarlas, es necesario considerar:
-
Estas actividades deben sustituir horas de televisión o de sofá, nunca de convivencia
familiar, deberes o juegos.
-
Los niños necesitan tiempo libre para jugar. No es bueno agobiarlos y sobreexigirlos con
un horario copado de actividades desde que sale del colegio hasta que se acuesta.
-
La actividad extraescolar que se decida tiene que gustarle al niño y no a los padres:
éstos sólo deben plantearle buenas alternativas para que él elija.
-
Hay que incentivar la responsabilidad y la perseverancia en lo que decidan hacer, lo que
se inicia se termina y no se abandona a medio camino.
-
Por último, hay que considerar que cada niño es un mundo distinto y no por comodidad se
puede pretender meterlos a todos en lo mismo. Hay que respetar los intereses de cada uno,
porque lo que le viene bien a uno, tal vez no le gusta nada al otro.
Cuando
se respetan estos puntos, las bondades de las actividades extraprogramáticas son muchas.
Mediante ellas, los niños aumentan su círculo de amistades, aprenden a relacionarse con
los demás, complementan su formación y se desarrollan íntegramente.
Magdalena Pulido S.
www.hacerfamilia.net
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