Si bien estos casos son
extremos y, por lo mismo, aislados, ellos se originaron a partir de una situación de caos
disciplinario general que afecta a la educación en Chile. No por nada el Colegio de
Profesores reconoció que la falta de disciplina compromete la salud de los pedagogos. El
90% del gremio sufre de estrés y la mitad de ese porcentaje está tan neurótico que ya
no es capaz de dictar un clase. Docentes entrevistados que prefirieron ocultar sus
nombres para no perjudicar a las instituciones en las que enseñan sostienen que sus
colegas son incapaces de controlar a los muchachos, mientras los papás no encuentran modo
de contener la rebelión.
Y es que el asunto es
generalizado. En Sheridan, Wyoming, Estados Unidos, dos jóvenes solían amedrentar a su
profesor de español para lograr mejores calificaciones. Cuando el agredido se atrevió a
reportar el chantaje, los muchachos se enseñaron con su mascota. Una mañana, la gata
apareció decapitada en la terraza del maestro con un mensaje admonitorio: "What
happend with your cat, may happen to you, rat!" (¡Lo que pasó con tu gata, puede
pasarte a ti, rata!) Hechos de indisciplina, rebeldía y hasta matonaje como el consignado
ocurren a diario en Europa y Norteamérica.
Hablar claro y ser
consecuente
Debido a la importancia que
se le ha dado al igualitarismo en todos los ámbitos de la sociedad desde el
político al educacional-, los adultos dudan de su derecho para someter a un niño o
adolescente a las consecuencias de su comportamiento. Se tiene miedo a ser autoritario, lo
que ha hecho difusa la figura de los padres y los adultos como autoridades dignas de
respeto. "Hoy los padres se concentran en ser amigos de sus hijos, lo que sí no es
malo, pero tienden a decidir todo según acuerdos y no imponen muchas reglas",
comenta una catedrática.
La psicóloga y profesora
universitaria Cecilia Araya explica que las familias pasaron del estilo autoritario-patriarcal -donde el padre decían- a un estilo muy poco claro. "Se
adoptó un modelo demasiado permisivo, pero en cualquier parte se necesita alguien que
mande. Una familia sana no es democrática, porque, por ejemplo, sería absurdo hacer una
votación para determinar si la mentira dicha por un hijo está bien o mal . Cosas
fundamentales como éstas simplemente no se discuten, sino que las deciden los padres.
Pero hay mucho temor de disentir y poner limites".
Este "síndrome de la
desubicación", como lo llamó un profesor entrevistado, hace que los niños traten a
los maestros como un igual, la autoridad, la edad del otro no es valor para muchos
jóvenes. Existe una actitud de que "somos todos iguales"," tú sabes más,
pero me latea lo que dices"; "tú eres latero aunque seas sabio", hay cosas
más choras que el conocimiento, comenta Cecilia Araya.
La psicóloga explica que
existen elementos de comunicación que se pueden manejar para hacerse respetar como
autoridad e imponer disciplina:
1.-Hablar clara y
precisamente respecto a lo que se espera del otro y asegurarse de que el otro entendió lo
dicho.
2.-Acompañar lo dicho con
una gestualidad coherente. Por ejemplo, no reírse de algo que se dijo estaba mal ni
actuar según el estado de ánimo. (Y cumplir siempre con lo expuesto en 1).
3.-Oír a los alumnos. Al
final del año consultar qué se puede hacer para mejorar la clase. Siempre se sacan
buenas ideas porque los chiquillos son muy creativos.
Por último, todos
coinciden en que nunca se debe amenazar con llamar al inspector o a otra autoridad para
que ponga orden, porque es como reconocer la incapacidad de imponer disciplina y se
hipoteca automáticamente la autoridad del profesor frente a la clase.
Escasa motivación
Todos los profesores
entrevistados coinciden en que el desinterés por aprender y la falta de motivación hacia
el estudio son dos problemas bastantes generalizados en todos los cursos. "El colegio
mantiene sus exigencias, pero lo que eran exigencias normales hace 40 años se han vuelto
desmesuradas por la ignorancia y desinterés con que enfrentan los muchachos cualquier
materia. Hoy nadie lee, entonces el tránsito desde la televisión a "El
Quijote", es mucho más brusco que lo que era pasar de "Simbad, el marino"
a "El Quijote", comento un profesor de cuarto medio de un colegio santiaguino.
Lo mismo sucede en el
primer año de la universidad. Una catedrática de un establecimiento privado comenta que
muchos jóvenes entran muy desmotivados porque no fueron admitidos en las universidades
tradicionales. Esto conlleva un grave problema de autoestima que los conduce hacia la
desmotivación: "Como están bajo el estrato de los 700 puntos en la PAA, se sienten
mediocres y hacen todo con desgano y lata. Así, caen en el facilismo, la flojera, la
apatía y la displicencia". Al respecto, los docentes consideran que existen dos
manera de motivar a los jóvenes:
1.-conversando con ellos y
explicándoles la importancia de la educación como modo de convertirse en seres humanos
más íntegros y como herramienta para comprender el mundo.
2.-Hacerles ver el
privilegio que significa acceder a la educación, y con más razón si ésta es
universitaria. Sensibilizarlos con respecto a la oportunidad maravillosa de estudiar una
carrera y ser profesionales, lo que a veces se olvida por la vasta oferta de
universidades.
3.-Muchos alumnos sólo se
interesan por aquellas materias o lecturas que tienen una utilidad especifica, como
sacarse una buena nota. Este pragmatismo que busca siempre el "para que", y no
el "por que", puede combatirse estimulando la curiosidad, la inquietud
intelectual, el valor de las cosas que no se transan en el mercado ni sirven para comprar
nada.
Mostrarse estricto o
abrirse al diálogo
"Mi primera clase fue
traumática. La mitad del curso escuchaba lo que yo decía. La otra mitad, replegada al
final de la clase, cuchicheaba, se reía, dos o tres personas dormitaban, otros estaban
concentrados a un walkman", contó un profesor universitario con seis años de la
docencia.
Como él, todos afirman que
el principal problema de los jóvenes de enseñanza media y primeros años de la
universidad es su incapacidad de estar callados y tranquilos. "Muchos son
hiperquinéticos, no se concentran. Les es difícil seguir un discurso abstracto porque se
distraen fácilmente y algunos tienes serias dificultades para tomar apuntes", relata
una profesora.
1.-Para luchar contra la
inmadurez de los alumnos, a veces se los debe tratar un poco como niños. Un método
utilizado en los últimos años de colegio en los de universidad es disponer que las
calificaciones del curso estén estrechamente ligadas a la disciplina. Ser drásticos
duros. Por ejemplo, al final de cada clase, llamar a los más inquietos y asignar trabajos
para ser evaluados la próxima clase.
2.-A veces algo inquieta a
los alumnos, como algún problema administrativo o la preocupación por una prueba. Cuando
se perciba esta inquietud generalizada, es bueno proponerles que conversen entre ellos diez
minutos y después discutir el problema. Darles un espacio para que expresen sus
preocupaciones y así comenzar la clase con los alumnos más tranquilos.
Premiar más que castigar
"Para muchos alumnos,
ser disciplinado, ordenado o interesado por la materia es como ser ganso. Lo mejor es
"no estar ni ahí", ser contestatario por niñerías como cambiar una prueba o
pedir que se lea menos en el curso", comenta una profesora universitaria. Cuenta,
además ,que existe un porcentaje nada despreciable de alumnos que nivelan hacia abajo,
haciendo que a los mejores, les dé "vergüenza" ser aplicados.
Para combatir esta
displicencia, los docentes recomiendan:
1.-Utilizar más premios
que castigos. Beneficiar académicamente al alumno que manifieste interés y participe en
clases de manera constructiva.
2.-Nunca hablarles en tono
de sermón o discurso, sino intentar ganarse a los más aplicados y no tomar en cuenta las
niñerías de los "lideres