Ortografía con textos de don Quijote de la Mancha

Lecciones

1. Un caballero en busca de aventuras

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, vivió hace mucho tiempo un hidalgo alto y seco de carnes que rondaba los cincuenta años y tenía fama de hombre bueno. Cuentan que se llamaba Alonso Quijano y que llevaba una vida modesta y sin lujos, aunque en su casa nunca faltó […]

2. Se enamoró de Dulcinea del Toboso

«Me llamaré don Quijote de la Mancha», se dijo. «Batallaré contra gigantes y malandrines, defenderé a los huérfanos y a las viudas y me haré famoso con mis hazañas». De modo que un día de julio al amanecer se puso una armadura de sus bisabuelos, montó a lomos de su caballo y se escapó por […]

3. Le llamó a su caballo Rocinante

El día en que don Quijote salió de su aldea, el sol calentaba con tanta fuerzaque faltó muy poco para que al hidalgo se le derritiesen los pocos sesos que lequedaban. Su caballo avanzaba muy despacio, porque el pobre estaba en loshuesos y tenía poco aguante, aunque a don Quijote se le antojaba la bestia […]

4. Decide armarse caballero

-Señor mío -le dijo al ventero, que era un andaluz gordo y pacífico-, ¿podríaishospedarme en vuestro castillo?   Cuando el ventero vio a aquel espantajo alto como un ciprés y con unaarmadura tan vieja y descompuesta, estuvo a punto de echarse a reír, peropensó que le convenía ser prudente y respondió con toda cortesía:   -Sea muy […]

5. Pasó toda la noche velando armas

-Entonces decidme dónde puedo velar las armas, porque, según la ley decaballería, antes de ser armado caballero, debo pasarme toda una nochevigilando mi armadura ante un altar.   -Ahora mismo no tenemos capilla en este castillo-, porque la hemosderribado para hacerla de nuevo, pero podéis velar las armas en el patio,que nadie os molestará.   Así que […]

6. Don Quijote es armado caballero

-¡Venid aquí, bribones -decía- que voy a daros lo que os merecéis!   Pero las piedras siguieron lloviendo cada vez con más fuerza, y don Quijotesólo salvó la cabeza gracias a que el ventero salió por una puerta gritando:   -¡Dejen de tirar piedras! ¿No ven que ese hombre no sabe lo que hace?   -¡Juro por la […]

7. Rinde homenaje a Dulcinea

-Los libros no lo dicen porque está claro como el agua, pero los caballerosllevan siempre dinero y camisas limpias. Y los escuderos que los acompañancargan con vendas y pomadas por si han de curar las heridas de su señor. -Buen consejo es ése -dijo don Quijote-, y prometo seguirlo en cuanto pueda.   Y así lo hizo: […]

8. Unos mercaderes le apalean con su lanza

-¿Tuerta Dulcinea? -rugió don Quijote-. ¿Espumarajos en su boca? ¡Pagaréisesos insultos con la vida!   Y, sin decir nada más, apuntó a los mercaderes con su lanza y galopó contraellos con intención de matarlos. Pero, a poco de echar a correr, Rocinantetropezó con una piedra, y don Quijote acabó rodando por el suelo en medio deuna […]

9. Quemaron los libros de caballerías

En esto, se oyeron en la calle unos grandes suspiros de dolor, y todossalieron a la puerta a ver lo que pasaba.   -¡Don Alonso! -exclamó la criada cuando descubrió a su amo atravesadosobre el asno.   -Llevadme a mi cama -susurró don Quijote-, que he caído de mi caballocuando combatía contra diez gigantes. «¿Conque gigantes…?», se dijo […]

10. Sancho Panza acepta el oficio de escudero

   A los dos días de volver a su casa, don Quijote se levantó de la camapara ir a ver sus libros, pero,  al no encontrar el cuarto donde losguardaba, comenzó a palpar las paredes buscando la puerta.   -Ya no hay aposento ni libros -le explicó la sobrina-, porque ha venidoun encantador cabalgando sobre un […]

11. Sancho quiere ser gobernador

-Nunca he leído de ningún escudero que fuera a lomos de un asno -dijodon Quijote-. Pero no importa: en cuanto venza a un caballero,  te regalarésu caballo.   -Me he traído el borrico porque no estoy acostumbrado a andar mucho-respondió Sancho-, y para mí es tan bueno como el mejor caballo del mundo,porque más vale algo […]

12. Combate con los molinos de viento

-Bien se ve, amigo Sancho, que no sabes nada de aventuras, porquesalta a la vista que son gigantes. Pero, si tienes miedo, apártate y pontea rezar, que yo voy a entrar en batalla.   -¡Que no, señor, que son molinos! -comenzó a gritar Sancho, pero donQuijote ya no podía oírle, porque corría a todo galope contra […]

13. Trabó combate con un vizcaíno

   –Enderécese, señor -le decía Sancho-, que va de medio lado, aunquedeber de ser por el dolor de la caída.   -Lo que más me duele no son los golpes, sino el destrozo de la lanza,porque un caballero sin armas es como un cielo sin estrellas. Así quesi encuentras una rama gruesa a la vera del […]

14. Sancho pide la receta del bálsamo

   -Si eso es así -dijo Sancho Panza-, deme la receta, que yo venderé elbálsamo de pueblo en pueblo y me haré rico en menos que canta ungallo.   -La receta la guardo en la memoria, amigo Sancho, y lo único quesiento es no tener los ingredientes a mano para preparar el bálsamoahora mismo.   Aquella noche, […]

15. Don Quijote quiere ser fiel a Dulcinea

—Alégrese, señor —dijo Sancho al poco rato—, que por allí abajo se ve una venta. Alzó la vista don Quijote y contestó:—No es una venta, Sancho, sino un  castillo.—Le digo, señor, que es una venta.—Te repito, Sancho, que es un castillo.Así se les fue un buen rato, uno jurando que era una venta y el […]

16. Maritornes organiza un escándalo

Tenía Maritornes el cabello más áspero que las crines de unburro y un aliento que olía a ensalada rancia, pero a don Quijotele pareció que su cuerpo despedía aromas de rosa y jazmín y quesu pelo era más fino que la seda.   -Sé que me amáis -le dijo-, pero no puedo corresponderosporque mi corazón es […]

17. Hace el Bálsamo de Fierabrás

Viendo a su dama tan maltratada, el arriero corrió a socorrerla,y el ventero a apalearla, con lo que que empezó una pelea de todoscontra todos en la que no quedó un solo hueso sano. Y,  cuando loscuatro quedaron bien molidos y aporreados, cada cual bajó lacabeza, volvió a su cama sin decir esta boca es […]

18. Se niega a pagar al ventero

   A pesar de los temblores, don Quijote tardó poco en dormirse,y a las tres horas despertó como nuevo y le dice a Sancho:   -¡Mira qué pronto he sanado gracias al bálsamo!   Viendo el milagro, Sancho decidió echarse un buen trago dela aceitera, pero el bálsamo le hizo tan mal efecto que comenzóa vomitar las […]

19. A Sancho lo mantean como a un muñeco

-Poco me importa a mí si sois caballero o bandido: pagadme y dejaosde cuentos.   -¡Vos sois un mentecato y un mal ventero! -dijo don Quijote con granindignación y, como no quería discutir, picó espuelas a Rocinante y salióde la venta sin comprobar siquiera si su escudero le seguía.   Entonces el ventero fue en busca de […]

20. Confunde un rebaño con un ejército

   «¡Malditas aventuras que no son más que desventuras!», se decía Sanchocuando llegó junto a su amo. Llevaba muchos días recibiendo palos y máspalos sin que la ínsula de sus sueños asomase por ninguna parte, y tenía másganas de volver a su aldea que de ser gobernador. Sin embargo, decidió seguiradelante, y fue como tirar […]

21. A don Quijote le rompen los dientes

   Sancho le metió los ojos hasta la mismísima garganta, y justo entoncesel bálsamo hizo su efecto: don Quijote no logró aguantarse las ganas devomitar, y soltó desde el estómago una perdigonada de aceite que le dejóa Sancho las barbas perdidas. Al ver aquello, el pobre escudero sintió tantoasco que también él se puso a […]

22. Sancho Panza ata las patas de Rocinante

-Tú quédate aquí, Sancho, que yo voy a averiguar quién es el malandrínque arma tanto escándalo -anunció don Quijote-. Y si en tres días no hevuelto, vete al Toboso y dile a mi señora Dulcinea que he muerto batallandoen su honor.   -¿Pero es que me va a dejar solo? -replicó Sancho echándose a llorar comoun […]

23. Sancho se ríe de don Quijote

   Así pasaron la noche, y cuando el primer rayo de sol alumbró el cielo,Sancho Panza desató en silencio las patas de Rocinante, que empezó a darmanotadas nada más verse libre. Entonces don Quijote dijo:   -¡Ya es hora de batallar!   Y echó a correr con su caballo hacia el lugar de donde venía el ruido. […]

24. Don Quijote recogió la bacía del barbero

   -¡Aventura tenemos, Sancho! -dijo don Quijote-. Porque aquel caballeroque viene por allí trae en la cabeza el yelmo de Mambrino, con el quepodré sustituir el casco que me rompió aquel escudero de Vizcaya.   Hacía mucho tiempo que don Quijote soñaba con conquistar el yelmodel moro Mambrino, un casco maravilloso del que los libros decían […]

25. Se llama el caballero de la Triste Figura

   Al oír don Quijote llamaba yelmo a la bacía, Sancho no pudoaguantarse la risa.  -¿De qué te ríes, Sancho?   -De lo mucho que se parece ese yelmo a una bacía.   -Eso es porque algún ignorante, no sabiendo el tesoro que teníaentre manos, lo ha transformado en bacía, pero yo llevaré este yelmoa un herrero […]

26. Se encuentra con condenados a galeras

Nada más decir aquello, don Quijote alzó los ojos y vio que porel camino venía una docena de hombres en hilera, atados todos auna misma cadena de hierro. Llevaban esposas en las  muñecas ycandados en los pies y caminaban vigilados por cuatro guardas:dos a caballo, armados con escopetas, y dos de pie, que llevabanlanzas y […]

27. Quiere liberar a los galeotes

   -Si quiere saber mi vida -le advirtió el tal Ginés a don Quijote-,léala cuando se publique.   -¿Acaso eres escritor?   -Sí soy, y uno de los mejores del reino. He escrito las verdades demi vida con tanta gracia que no hay mentiras que maravillen tanto.   Don Quijote se quedó callado, pensando en todo lo que […]

28. Pide a los galeotes que vayan a Toboso

   Sancho, pensando que su deber era acabar lo que había empezado su amo,ayudó a liberarse a Ginés de Pasamonte, quien luego rompió las cadenas desus compañeros, cogió la escopeta del comisario y amenazó a los guardasdiciéndoles:   -¡Marchaos ahora mismo o no lo contaréis!   Temiendo por su vida, los guardas echaron a  correr por mitad […]

29. Los galeotes apedrean a don Quijote

   Al oír aquello, Pasamonte, que no aguantaba insultos de nadie, les guiñó elojo bizco a sus compañeros, que nada más ver la señal empezaron a cogerpiedras del suelo y a tirarlas contra don Quijote. Sancho se refugió  de lapedrisca detrás de su asno, y don Quijote intentó protegerse con el escudo,pero aun así recibió […]

30. Don Azote en Sierra Morena

   Aunque iba molido por las pedradas, don Quijote entró en Sierra Morenacon el corazón alegre, pues pensó que entre aquellas montañas le esperabanmás aventuras que en ninguna otra parte. Al verse lejos de los caminos y de los malnacidos galeotes, Sancho sacó de sus alforjas un mendrugo de pan y un trozo de queso, y agradeció […]

31. Está en la montaña para hacer penitencia

   Mientras Sancho enloquecía de felicidad, don Quijote se puso a hojear ellibrillo de memoria, y, como vio que estaba lleno de poemas de amor, decidió quedárselo, porque siempre había sido muy aficionado a los versos.Sancho le pidió que le leyese algún poema, a lo que don Quijote respondió recitando con mucho sentimiento un hermoso soneto sobre […]

32. Escribe una carta a Dulcinea

   -Me parece bien -dijo Sancho.   -Como no tengo papel, voy a escribir las cartas en este librillo que nos hemos encontrado, pero antes de llegar al Toboso acuérdate de buscar a un maestro de escuela para que te copie la carta de Dulcinea en un papel más apropiado.   -Pero entonces ella se dará cuenta de que la […]

33. Don Quijote leyó la carta a Sancho

-Cuida lo que dices, Sancho, que para mí Dulcinea vale tanto como lamás alta princesa de la tierra. Y poco me importa que no sea de altolinaje, porque yo la pinto en mi imaginación como deseo.   -¡Y hace muy bien! -concluyó Sancho-. Pero no hablemos más ypóngase a escribir.   Don Quijote se aparó un poco […]

34. Comenzó a dar volteretas

   Pero don Quijote no le hizo caso, sino que se quitó los calzones atoda prisa y comenzó a dar volteretas desnudo de cintura para abajo,enseñando cosas que Sancho habría preferido no ver. «¡Bien puedo jurar que mi amo está loco!», se dijo el buen escudero, y con ese pensamiento se puso en camino.   Aquella noche durmió […]

35. Sancho pierde la carta de Dulcinea

   -Yo no soy hombre que mate a nadie -protestó Sancho-. Don Quijoteestá haciendo penitencia en el monte muy a su sabor, y yo voy al Toboso a llevarle una carta a Dulcinea, de la que mi amo está enamorado hasta los hígados.   -Entonces dejadnos ver la carta y os creeremos.   Sancho se metió la mano en […]

36. El cura y el barbero se disfrazan

   -¡Ya me acuerdo! La carta de Dulcinea decía: «Alta y sombreadaseñora, estoy muy mal del corazón y no puedo dormir porque me paso toda la noche besuqueándonos los pies».   El cura tuvo que esforzarse mucho para no reírse.   -¡Qué buena memoria! -dijo- Enseguida buscaré papel y copiaréesas delicadas palabras. Pero ahora entrad con nosotros a […]

37. Buscaron a don Quijote en Sierra Morena

Estaban cambiándose las ropas cuando de pronto apareció Sancho,que estuvo a punto de morirse de risa al verlos.    -¿A dónde van vestidos de carnaval? -les dijo.    -A ayudar a vuestro amo.    -Mi amo no necesita ayuda, porque de aquí a dos días será emperador,y a mí me hará gobernador de una ínsula.    -Para que vuestro amo […]

38. El barbero y el cura encuentran a una mujer

    -¿Si será mala la locura de don Quijote -dijo el cura- que se le hacontagiado a Sancho en un visto y no visto!.    -Así es -respondió el barbero-, y lo peor es que…    Iba a añadir algo cuando de pronto empezó a oírse una voz dulcísimaque cantaba con honda tristeza. Llenos de curiosidad, el […]

39. La muchacha se llamaba Dorotea

La muchacha no le hizo caso, pero su carrera terminó muy pronto,porque, como sus pies eran tan  delicados, no pudo sufrir la asperezade las piedras, y acabó cayendo al suelo. Y allí se quedó, pensativa,sin decir nada y con gesto muy triste. El cura y el barbero se leacercaron, y trataron de animarla lo mejor […]

40. Encuentran a la princesa Micomicona

    -Yo os ayudaré -dijo Dorotea-: me pondré mis ropas de mujer y haréde princesa con mucha propiedad, porque he leído más de una docenade libros de caballerías y conozco muy bien las costumbres de lasprincesas.   De modo que, cuando Sancho Volvió, se encontró frente a frente conla mujer más bella que había visto en […]

41. Tenía que matar al gigante Pandafilando

    –Señor mío, yo soy la princesa Micomicona, y he venido desde ellejano reino de Micomicón para pediros que matéis al gigantePandafilando, que quiere quitarme el trono. Mi padre, que es un magomuy sabio, me dijo que en España encontraría al caballero másvaleroso del mundo, que se llama don Azote o don Cogote…   -Don Quijote, […]

42. Don Quijote le da dos palos a Sancho

Sancho no podía creerse lo que estaba oyendo.   -Pero, ¿es que va a dejar plantada a una princesa para irse con la hijade Lorenzo Corchelo? -exclamó-. ¡Así jamás seré gobernador!. Pero¿no ve que Aldonza Lorenzo no le llega a doña Micomicona ni a la sueladel zapato?   Al oír aquello, don Quijote se irritó tanto que […]

43. El cura le pega las barbas al barbero

    ¡Si serán malvados los encantadores que me persiguen -exclamó-que le han quitado a este hombre las barbas como quien no quiere lacosa, tan sólo para advertirme de que no vaya al reino de Micomicón!Pero esos avisos no van a asustarme, porque, cuando los caballeroscomo yo tenemos un deber que cumplir, no hay encantador en […]

44. Sancho va a ver a Dulcinea

Se la dije a un sacristán, y la copió al pie de la letra.   -Y dime, Sancho, ¿qué hacía la reina de la hermosura cuando laviste? Sin duda estaría ensartando perlas o bordando unas sedas conhilo de oro…   -Cuando yo llegué estaba cubriendo de sal unos lomos de puerco.   -Pero seguro que al acercarte a […]

45. Los libros de caballerías son disparates

  Tras pasar la noche al raso, la princesa y su séquito se recogieronen la venta donde habían manteado a Sancho, quien hubiera preferidoseguir adelante por no revivir aquel mal recuerdo. Don Quijote pidióacostarse enseguida porque iba muy cansado, asía que la ventera lepreparó la cama en el mismo aposento que la otra vez, pero a […]

46. Acuchilla los cueros de vino

   En esto estaban cuando de pronto sintieron un gran  alborotoy vieron que Sancho salía corriendo del aposento de su amo.   -¡Vengan a ayudar a mi señor -decía a gritos-, que está luchandocontra el gigante Pandafilando y acaba de cortarle la cabeza comosi fuera un nabo!.   -Eso no puede ser -dijo el cura-, porque Pandafilando […]

47. El ventero le pega a don Quijote

Cuando el ventero vio los cueros rotos y el suelo encharcado devino, se enfureció tanto que saltó sobre don Quijote y empezó aaporrearle la cabeza a puño limpio. Y sin duda se la hubiera partidoen dos de no ser porque el cura y el barbero lograron sujetarlo atiempo. Pero ni aun así despertó don Quijote, […]

48. Don Fernando encuentra a Dorotea

   Al final, entre el cura y el barbero lograron acostar a don Quijote,que se quedó dormido en un santiamén, y luego apaciguaron alventero prometiéndole que le pagarían sin regatear lo quevaliesen los cueros rotos.   En el resto de la tarde no les sucedió nada que merezca la penacontar, pero a eso del anochecer se […]

49. La Micomicona se llamaba Dorotea

   Cuando Dorotea recobró el sentido, y oyó que don Fernandoquería casarse con ella, comenzó a llorar de alegría con tantosentimiento que no hubo nadie en la venta que no derramasealgunas lágrimas con ella. Lloró Maritornes, lloraron el barberoy el cura, lloró el ventero y lloró su mujer, y hasta el mismísimoSancho acabó bañado en […]

50. Dorotea vuelve a ser princesa

Mientras tanto, Dorotea le explicó a su prometido quién eradon Quijote, así que cuando el hidalgo salió de su aposento conla lanza en la mano y la bacía en la cabeza, don Fernando nisiquiera pestañeó, como si estuviera viendo la cosa más normaldel mundo. Don Quijote atravesó la sala en silencio, clavó los ojosen Dorotea […]

51. El barbero encuentra la albarda

Aquella noche, todos se fueron a dormir muy temprano, a excepciónde don Quijote, que decidió permanecer despierto para hacer guardia,no fuese que algún amigo de Pandafilando se acercara al castillo conganas de venganza. Sancho, en cambio, durmió de un tirón según sucostumbre, y lo primero que hizo a la mañana siguiente fue visitar lacuadra para […]

52. El yelmo de Mambrino y la bacía

   Alarmados por los gritos, todos los huéspedes de la venta corrierona la cuadra, y don Quijote se hinchó de orgullo al ver el coraje con quepeleaba su escudero. El cura y don Fernando lograron separar a los doscombatientes, y entonces el barbero señaló a don Quijote y a Sanchoy comenzó a decir:   -¡Sepan vuestras […]

53. La Hermandad busca a un desalmado

Nuestro barbero maese Nicolás, que sabía mejor que nadie de lalocura de don Quijote. decidió divertirse un rato siguiéndole la corriente,así que le dijo al otro barbero:   -Señor barbero, como yo soy de vuestro mismo oficio, sé muy biencómo es una bacía, y os puedo asegurar que eso que don Quijote tieneentre las manos es […]

54. Una pelea en la venta

En esto, el capitán levantó la vista y se encontró frente a frente conun  hombre idéntico al que acababa de describir, así que comenzó agritarle a su cuadrilla:   -¡Prended a ese hombre, porque es el criminal que andamos buscando!   Y, para que no se le escapase, saltó sobre él y lo agarró por el cuello.Don […]

55. No prendieron a don Quijote

Fue como un milagro, porque todos se detuvieron de pronto ydejaron la paliza en el punto en que estaba. Entonces el cura seacercó a todo correr al jefe de los cuadrilleros y le dijo al oído:   -Mire vuestra merced que de nada le servirá prender a don Quijote,porque el juez lo soltará por loco en […]

56. Meten a don Quijote en una jaula

  Y así debía de ser, porque alrededor de su cama vio cuatro fantasmasvestidos con túnicas y antifaces, que lo levantaron de de la cama, losacaron al patio de la venta y lo encerraron en una  gran jaula montadasobre un carro de bueyes. En eso, uno de los diablos comenzó a decircon una voz profunda […]

57. Sancho descubre la farsa

Sancho se olía la trampa de todo aquello, y lo que más le hizosospechar fue que, al partir de la venta, los diablos se despidieron dedon Fernando y de la princesa Micomicona como si los conocieran detoda la vida. Pero no dijo nada, por miedo de que también a él loencerrasen, así que siguió al […]

58. Encuentra a unos labradores

Con todo, Sancho se empeñó en liberar a su señor, y aquella mismatarde le dijo al cura:   -Sería bueno soltar a don Quijote un rato, porque, si no, se lo harátodo encima y dejará la jaula hecha una pocilga.   El cura, que ya no llevaba la túnica ni el antifaz porque se habíacansado de hacer […]

59. Le dan un garrotazo

Uno de los que iban en la procesión, que era más atrevido que elresto, no se dejó espantar por don Quijote, sino que sacó un bastóny le soltó tal garrotazo en el hombro que lo dejó tumbado en elsuelo. Al ver aquello, Sancho corrió junto a su amo e intentó ponerloen pie. Pero, como don […]

60. Don Quijote vuelve a su casa

Así que don Quijote entró de nuevo en la jaula y el carro volvió arechinar camino de la aldea, adonde entró al cabo de seis días. Y,como dio la casualidad de que llegó un domingo, todos los vecinosestaban en la calle, así que nadie se quedó sin ver a don Quijote enla jaula, más flaco […]

61. Mari Sancha quiere casarse

Cuando Teresa Panza vio los cien escudos que su marido traía deSierra Morena, empezó a dar saltos de alegría, pero Sancho leadvirtió que aquello no era más que el comienzo, ya que muypronto volvería a los caminos y sería gobernador de una ínsula.   -Pues si por fortuna te ves con algún gobierno -le dijo Teresa-,no […]

62. Aparece un libro de don Quijote

Mientras tanto, don Quijote estuvo más de un mes en la cama,sufriendo por las viudas y los huérfanos a los que dejaba sin ayuda.Sancho visitaba a su amo a diario, porque se moría de ganas devolver a los caminos y visitar castillos y matar gigantes. Pero nosiempre podía entrar en la casa de don Quijote, […]

63. Se escapó de casa de noche

Don Quijote quiso saber si el autor del libro prometía una segundaparte, a lo que Sansón respondió que sí, siempre que tuviera algoque contar en ella.    -Entonces habrá que salir cuanto antes a la ventura -concluyódon Quijote-, aunque solo sea para darle a ese sabio moro unahistoria que escribir.   «¡Ay Dios mío!», se dijo entonces […]

64. Quiere visitar a Dulcinea

   -Iremos a Zaragoza -anunció don Quijote al salir de la aldea-, dondevan a celebrarse unas solemnes justas (torneos) en las que podrébatallar contra otros caballeros y ganaré eterna fama por el valor demi brazo. Pero antes quiero ir al Toboso para visitar a mi señoraDulcinea y pedirle su bendición.   Cuando Sancho oyó aquello, toda […]

65. Envió a Sancho al Toboso

   Sancho ya no sabía qué decir para disimular sus mentiras, perosucedió que justo entonces don Quijote vio un bulto grande a la luzde la luna y creyó que había dado con el palacio, así que para allá sefueron. Sin embargo, cuando llegaron frente al edificio descubrieronque no era más que la iglesia del pueblo, […]

66. Encuentran a unas aldeanas

Sosegado con aquellos pensamientos. Sancho se quedó al pie delárbol hasta el atardecer, para que su amo creyera que estaba en elToboso. Y tuvo tanta suerte que, justo cuando se levantaba parareunirse con su señor, vio venir a tres labradoras sobre tres burros oburras, que solo Dios sabe lo que eran. Y, cuando por fin […]

67. El Caballero del Verde Gabán

Estaba tan irritada, que azotó a su burra con el palo para que salieraal trote, pero la bestia se disgustó al ver que la trataban tan mal, demodo que dio un brinco y tiró a su dueña al suelo. Don Quijote acudió atoda prisa a levantar a Dulcinea, pero la dama no necesitaba ayuda denadie, […]

68. Requesones en el casco del Quijote

Mientras su amo conversaba, Sancho se apartó del camino paracomprarles unos requesones a unos pastores que ordeñaban ovejas.Pero, cuan do ya los estaba pagando, don Quijote empezó a gritarleque volviese, porque había llegado la hora de una nueva aventura ynecesitaba su casco, que iba atado al borrico de Sancho. Cuando elescudero oyó a su señor, […]

69. Quiere pelear con un león

Don Quijote, sonriéndose un poco, dijo:   ¿Leoncitos a mí? ¿A mí leoncitos? Apeaos, buen hombre, y abridlas jaulas, que voy a batallar contra esas dos fieras.   -¡Dios santo, no haga eso! -dijo el del Verde Gabán, convencidootra vez de que don Quijote estaba loco.   -¿Es que no me has oído, bellaco? -le insistió don Quijote […]

70. Descansa en el hogar del Caballero

   –Señor carretero -dijo entonces don Quijote-, dele palos a ese leónpara que salga.   -El león tiene abierta la puerta -contestó el carretero, que se habíarefugiado con sus mulas entre unos árboles pero lo estaba viendo todo-y, si no quiere salir, es cosa suya. Dejadlo estar, pues ya habéisdemostrado vuestro coraje.   -Eso es verdad, así […]

71. Se cruzan con unos cómicos

El día en que dejaron la casa del Caballero del Verde Gabán, donQuijote y Sancho se cruzaron en su camino con unos cómicos queviajaban disfrazados de un pueblo a otro. Y, cuando don Quijote vioal Diablo entre el Rey y la Muerte, comenzó a decir:   -¿Has notado, Sancho, cuánto se parece el teatro a la […]

72. Con el Caballero del Bosque

–Vuestra merced sí que es escudero como Dios manda -decía-, nocomo yo, que lo único que llevo en las alforjas es un pedazo de quesotan duro que puede descalabrar a un gigante.   Así estuvieron charlando un buen rato, y tanto llegaron a beber, quedejaron la bota vacía y se durmieron con la comida en la […]

73. Combate con el Caballero del Bosque

Mientras tanto, don Quijote subió a lomos de Rocinante y se preparópara combatir. A la luz del día, descubrió que su rival era un hombre recioy ancho de hombros, y que llevaba una vistosa casaca llena de brillantesespejitos en forma de luna. Pero, como ya se había puesto el casco, nopudo verle la cara.   Recordad […]

74. El Caballero era Sancho Carrasco

   -¡Ven aquí, Sancho, -gritó-, que vas a ver lo que han hecho misenemigos los encantadores.   Cuando Sancho llegó y vio la cara del caballero, se quedó pálido comoun muerto y comenzó a hacerse cruces.   -¡Pero es igualito que el bachiller Sansón Carrasco! -dijo-. ¡Santo Dios,y qué malvados son esos encantadores que vuestra merced! ¡Vamos,señor, […]

75. Fracasa el plan de Carrasco

Don Quijote envainó su espada y ayudó al caballero a levantarse, traslo cual le dijo a Sancho que ya era hora de irse, porque aquella aventurahabía tocado a su fin. Y lo mejor es que se marchó convencido de quelos encantadores le habían cambiado la cara a su rival, cuando lo ciertoes que había batallado […]

76. Las bodas de Camacho

   –Yo lo único que sé -replicó Sancho- es que aquellos dos se parecíana nuestros vecinos como un huevo a otro huevo.   -Y yo te repito que ese parecido es una artimaña de los malignosencantadores que me persiguen, que han querido confundirme paraverme derrotado.   Aunque don Quijote no logró convencerlo, Sancho se olvidó de suinquietud […]

77. En la cueva de Montesinos

Así que, al día siguiente, don Quijote pudo asomarse a la boca de lacueva de Montesinos, que se hundía como un pozo en las entrañas dela tierra.   -Todos los grandes caballeros del mundo -dijo entonces- han bajadoalguna vez al infierno, y yo no voy a ser menos. Así que átame, Sancho,una soga a la cintura […]

78. Con maese Pedro

   -Lo que más me extraña -dijo el estudiante- es que hayáis vistotantas cosas en tan poco tiempo, pues no habéis pasado bajo tierramás de media hora.   -Eso no puede ser -replicó don Quijote-, porque allá vi amanecertres veces, así que tengo que haber estado tres días.   -Perdóneme vuestra merced -dijo Sancho-, pero yo no […]

79. El mono de maese Pedro

Cuando don Quijote vio al tal maese Pedro, pensó que debía detener la cara enferma, pues llevaba todo el lado izquierdo tapadocon un parche de tela. En cuanto al mono, era grande y sin cola, decara graciosa y trasero pelado. Don Quijote le preguntó por su futuro,pero maese Pedro le advirtió que el mono solo […]

80. Los títeres de maese Pedro

–Y yo os honraré como merecéis -anunció el titiritero-representando mi retablo (teatrillo) ahora mismo y de balde.   -Este maese Pedro -le dijo entonces don Quijote a Sancho en unsusurro- debe de haberle vendido su alma al diablo a cambio de quele diese al mono el don de adivinar.-Eso debe ser -respondió Sancho.   Pero ninguno de […]

81. La verdadera identidad de maese Pedro

El escándalo era tan grande que hastael mono adivino echó a correr y huyó por los tejados de la venta. DonQuijote no paró hasta destrozar todo el retablo, y entonces miró a sualrededor con el orgullo del guerrero victorioso y dijo con voz rotunda: -Díganme: ¿qué hubiera sido de Melisendra y su señor esposo si yo […]

82. La ciencia del rebuzno

A los tres días de salir de la venta, don Quijote y Sancho se cruzaronal pie de una loma con un escuadrón de más de doscientos aldeanosque iban armados hasta los dientes con lazas, ballestas y arcabuces.Lleno de curiosidad, don Quijote les preguntó por las razones que lesmovían a la guerra, a lo que contestó […]

83. Sancho quiere volver a su casa

Dicho esto, Sancho se llevó las manos a las narices y comenzó arebuznar con tanta fuerza que retumbaron todos los valles cercanos.Pero uno del escuadrón, pensando que se burlaba, alzó un palo largoy recio y le soltó tal golpe a Sancho en las espaldas que el pobrecayó el suelo sin sentido. Don Quijote arremetió contra […]

84. Navegación por el Ebro

Cuando Sancho se oyó tratar tan mal, le entró tal pena en elcorazón que se le llenaron los ojos de lágrimas y le pidió perdóna su señor una y mil veces.   -Yo te perdono, Sancho  -dijo don Quijote-, pero en adelante noseas tan interesado y aprende a tener paciencia, que día vendrá enque seas gobernador […]

85. Se vuelca la barca en el Ebro

En eso, descubrieron unas grandes aceñas (molinos de agua) enmitad del río y apenas las vio don Quijote, dijo:   -Mira, Sancho, ese es el castillo que buscamos.   La barca entró entonces en una rápida corriente y se acercó atoda prisa a las ruedas del molino, contra las que sin duda iba ahacerse pedazos. Viendo el […]

86. Cenaron con los duques

Y, como las cosas ya no podían irles peor, al atardecer del díasiguiente la fortuna volvió a sonreírles, pues se cruzaron con unduque y una duquesa que los recibieron en su palacio con grandesmuestras de cortesía. Sucedía que los tales duques habían leído ellibro sobre las primeras aventuras de don Quijote, así que sealegraron mucho […]

87. Sancho habla con la duquesa

¡Maldito seas, Sancho! -le riñó don Quijote-. ¿Cuándo llegará eldía en que hables sin refranes?   -Dejadlo -dijo la duquesa, que se moría de la risa-, porque a mílos refranes de vuestro escudero me gustan mucho. Decidme,Sancho, ¿vendréis esta tarde a charlar conmigo en una sala muyfresca que tenemos aquí en el palacio?   -En estos días […]

88. Aparece el mago Merlín

Y así lo hicieron. Uno de aquellos días invitaron a don Quijote ySancho a una cacería en el monte, donde el pobre escudero pasómucho miedo al cruzarse con un jabalí de grandes colmillos.Cazada la presa, los duques y sus huéspedes comieron en unasespléndidas tiendas de campaña y, a eso del atardecer, cuandoya era hora de […]

89. Sancho acepta azotarse

   –Así no -dijo el espíritu de Merlín-, porque vuestro escudero hade recibir los azotes por su voluntad, y no a la fuerza.   -¡No pienso azotarme! -insistió Sancho-. Y además, ¿qué tienenque ver mis posaderas con el encantamiento de nadie?   En esto, la hermosa doncella que venía en el carro se puso en pie,se quitó […]

90. La condesa Trifaldi

   Y es que al día siguiente volvieron a las andadas, pues le hicieroncreer a don Quijote que una condesa lo andaba buscando parapedirle un do. La tal condesa se presentó acompañada por docedueñas en el jardín donde los duques comían con sus huéspedes, ylo que más les sorprendió a todos fue que las trece […]

91. El caballo Clavileño

   Don Quijote dijo que viajaría a Candaya y lucharía con Malambruno,pero Sancho no quería acompañarle, pues temía que en su ausenciale quitasen la ínsula que le habían prometido.   -La manera más rápida de viajar a la lejanísima Candaya -explicóentonces la Trifaldi- es a lomos de un caballo de madera que inventóel mago Merlín y […]

92. Montan en el Clavileño

   De modo que sacaron al caballo, que era de madera, y entonces laTrifaldi dijo que, para que los jinetes no se mareasen con la altura,les convenía taparse los ojos con un pañuelo.   -Y, cuando oigan que el caballo relincha -agregó-, es que ya hanllegado a Candaya.   Don Quijote y Sancho subieron al caballo y […]

93. El mundo visto desde el aire

Entonces se quitaron los pañuelos y descubrieron con asombroque estaban en el mismo jardín de donde habían salido. La Trifaldiy sus barbudas habían desaparecido, y los duques y sus criadosestaban como desmayados en el suelo. Pero lo que mássorprendió a don Quijote fue encontrar una lanza clavada en latierra, de la que colgaba un pergamino […]

94. Sancho gobernador de una ínsula

Al día siguiente del vuelo de Clavileño, el duque le dijo a Sanchoque se preparase para salir de viaje, porque le había llegado elmomento de ser gobernador:   -Os envío a una ínsula hecha y derecha donde no falta de nada,y debéis saber que mis insulanos os esperan con tantas ganascomo si fueseis un enviado del […]

95. Sancho no sabe leer ni escribir

Es que sé más refranes que un libro, y se me vienen todosjuntos a la boca cuando hablo, pero a partir de ahora solo dirélos que vengan al caso, que en casa llena, pronto se guisa lacena, y al buen entendedor, pocas palabras le bastan.   -¡Eso es, Sancho! ¡Te estoy pidiendo que no digas refranes […]

96. La ínsula Barataria

Aquella tarde después de la comida, Sancho dictó una cartapara su Teresa, en la que le decía que ya era gobernador, y luegodejó que le pusieran unas ropas muy vistosas de juez, con lo quellegó la hora de la despedida. Tras besar las manos de los duques,Sancho abrazó llorando a don Quijote, quien le dio […]

97. El doctor de Tirteafuera

   Muy temeroso quedó Sancho con aquellas noticias, pues no sabíaque eran simples embustes del duque para meterle miedo. Sinembargo, la inquietud le duró muy poco, porque enseguida se lollevaron a comer y el mayordomo lo sentó ante una mesa llena deapetitosos manjares. Había una olla de cocido que humeaba,cazuelas de conejo guisado y de […]

98. Envían un regalo a Teresa Panza

Temeroso de Sancho, el médico salió de la sala sin decir estaboca es mía, pero en los días siguientes volvió a presentarse cadavez que el gobernador se sentaba a la mesa, y le prohibió uno trasotro todos los platos que pudieran apetecerle. «¡Malditos sean eldoctor y la ínsula!», se decía el pobre Sancho, «que oficio […]

99. Teresa se siente gobernadora

   -¡Levántese, señor, que se equivoca -respondió Teresa-, que yono soy más que una humilde labradora, mujer de un escudero y node un gobernador!   -Vuestra merced es esposa dignísima de un gobernadorarchidignísimo, y en prueba de ello, tenga este regalo que le envíami señora la duquesa.   Entonces el paje se sacó de la manga un […]

100. Alarma en la ínsula

Entonces le dijo a Sanchica que le sirviera al paje unos huevoscon tocino y, mientras tanto, ella se fue a buscar a un monaguilloal que conocía y le dio un par de bollos a cambio de que leescribiese dos cartas: una para Sancho y otra para la duquesa.Luego, volvió a casa con las cartas y […]

101. Victoria en Barataria

   -¿Que me arme? Eso déjenlo para mi señor don Quijote, que seecha los gigantes a las barbas de seis en seis. Pero yo, ¿cómo mevoy a armar si no sé empuñar una espada?   Sin embargo, tanto le insistieron, que al final dejó que lo armasen.Y, como aquella guerra no era más que una burla, […]

102. Sancho Panza se marcha

De modo que lo pusieron en pie, le quitaron los escudos y le dieronun buen  trago de vino, y entonces Sancho volvió a su cuarto sin decirnada y comenzó a vestirse en silencio. Luego, muy poco a pocoporque estaba molido, se fue a la caballeriza,  adonde le siguierontodos los demás, y, tras abrazar y besar […]

103. Le hacen burlas a don Quijote

Aunque Sancho partió al amanecer, se tomó el viaje con tanta calmaque se le hizo de noche poco antes de llegar al castillo de los duques.Al ver las primeras estrellas, se apartó del camino en busca de unlugar donde dormir, pero, como la noche era muy oscura, no veía pordónde iba, así que acabó cayendo […]

104. Don Quijote encuentra a Sancho

Recuperado al fin de sus heridas, don Quijote decidió ponerse encamino cuanto antes, pues le parecía que aquella vida ociosa quellevaba en palacio no era propia de un caballero andante. Como lasjustas de Zaragoza se acercaban, tomó la costumbre de salir alcampo todos los días de buena mañana para ejercitarse en el galopea lomos de […]

105. Se despiden de los duques

Cuando los duques se enteraron de lo que le había pasado aSancho, quedaron muy asombrados, y enseguida enviaron amuchos criados con cuerdas, que con no poco trabajo sacaron alasno y a su amo a la luz del sol. Y cuando Sancho entró por fin en elcastillo, se arrodilló ante los duques y les dijo:   -Yo, […]

106. Se ven en libertad

Cuando don quijote se vio ce nuevo a cielo abierto, libre para ir adonde quisiera, se sintió tan feliz que dijo:   -La libertad, Sancho, es uno de los dones más preciosos que hanrecibido los hombres: vale más que todos los tesoros de la tierra ydel mar, y por ella conviene arriesgar la vida si es […]

107. El libro de Avellaneda

Cuando el tal don Jerónimo miró al recién  llegado, comprendió alinstante que estaba ante el mismísimo don Quijote de la Mancha,así que le dio un gran abrazo al tiempo que decía:   -Bien veo que sois el famoso don Quijote, y éste es sin duda vuestroleal escudero. Yo, señor, leí con mucho gusto la primera parte […]

108. Van a Barcelona

Don Jerónimo le dijo que en Barcelona había otras justas donde podríademostrar su valor, así que a la mañana siguiente don Quijote ySancho se pusieron en camino hacia tierras de Cataluña. Tras seis díasde viaje, una noche se cobijaron bajo unas encinas y sucedió que,cuando Sancho dormía más a su sabor, notó que alguien empezaba […]

109. El bandolero Roque Guinart

Y así era. Pero lo peor fue que, nada más amanecer, aparecieron deimproviso más de cuarenta bandoleros vivos, que rodearon a donQuijote y a Sancho y saquearon las alforjas del escudero. Y yaestaban a punto de registrar al propio Sancho y de encontrarle los cienescudos que le había dado el duque cuando de pronto se […]

110. Llegan a Barcelona

  Tres días y tres noches tardaron en llegar a la ciudad, en los que donQuijote quedó fascinado por la vida aventurera que llevaban Roque ysus hombres. Como la justicia andaba tras ellos, dormían de pie ycon el arma cargada en la mano y cambiaban de lugar a cada instante,de forma que amanecían aquí y […]

111. El Caballero de la Blanca Luna

  Y así, pasito a paso, se fue acercando la desgracia. Una mañana enque don Quijote se paseaba a orillas del mar, se le acercó uncaballero a lomos de un caballo, cubierto de una armadura y armadocon una lanza. Llevaba pintada en el escudo una luna blanca y brillante,y al acercarse a don Quijote le […]

112. Atacados por una piara de cerdos

Don Quijote respondió que así lo haría, y con esa promesa, elCaballero de la Blanca Luna se entró en la ciudad a medio galope,rodeado por una nube de muchachos. Tras llegar al mesón donde sehospedaba, se quitó la armadura, y aquella misma tarde  pariócamino de la Mancha. Pues debes saber, amable lector, que elCaballero de […]

113. Sancho se da azotes

El regreso fue, en fin, pesaroso y triste. Por las noches, donQuijote no lograba dormir, porque los malos pensamientosacudían a su imaginación como las moscas a la miel. Desde elanochecer hasta el alba, todas las horas se le iban en recordar a laencantada Dulcinea y en cantarle coplas de amor con el corazónencogido y los […]

114. Llegan a su aldea

Pero el muy pícaro dejó de dárselos en las espaldas y empezó adarlos contra los árboles, lanzando un suspiro de vez en cuando, tanhondo como si se estuviera arrancando el alma.   -Basta, Sancho -dijo al fin don Quijote-, que ya te has azotado másde mil veces.   -Apártese vuestra merced y déjeme darme otros mil azotes […]

115. Don Quijote cae enfermo

Camino de su casa, don Quijote les contó al cura y al bachiller quehabía caído derrotado en Barcelona y que debía permanecer en laaldea durante todo un año. Y luego añadió:-¿han leído vuestra mercedes esos libros en que aparecen unospastores que suspiran y cantas coplas de amor en la soledad delos bosques?   El cura y […]

116. Se confiesa antes de morir

Comprendió don Quijote que se estaba muriendo, pero recibió lanoticia con ánimo sosegado. En cambio, su criada, su sobrina ySancho comenzaron a llorar con mucho sentimiento, pues ya se hadicho alguna vez que don Quijote era un hombre bueno y se hacíaquerer. Es caso es que, tras la visita del médico, el hidalgo durmióde un […]

117. Muere don Quijote

Pero don Quijote insistió en que ya no estaba loco sino cuerdo,y que ya no sería caballero ni pastor, sino Alonso Quijano el Bueno,que había nacido hidalgo en una aldea de la Mancha. Tres díassiguió viviendo, en los que se desmayó muchas veces,  hasta queal fin le llegó el momento de su último suspiro y […]