09. El coche rebelde

Dort y sus hermanos tenían juguetes. Se los traían casi siempre loa Reyes Magos. Cada uno tenía los suyos propios. Jugaban con ellos después de hacer los deberes y en los fines de semana. Los sacaban y los desparramaban por el cuarto, por el comedor y por el pasillo. Con tanto trajín de juguetes, se mezclaban  unos con otros; pero cada niño sabía cuáles eran los suyos.

   Entre los de Dort había uno, un coche pequeño, deportivo, pintado de rojo, que corría muy bien a lo largo del pasillo. Un día, no lo quiso prestar a su hermano menor que lo quería. Discutieron, hubo tirones, empujones y bofetadas. El hermanito pequeño acabó llorando amargamente.

   Papá llamó a todos los hijos y les dijo:

   -Los juguetes los hemos comprado mamá, los Reyes Magos y yo. Son de toda la familia. Solo tiene cada uno los suyos, para cuidarlos, recogerlos y ordenarlos. ¡A la hora de jugar son de todos!

   El coche pequeñito, pintado de rojo, que era muy listo, escuchó todo esto. Entendió que los hermanos tenían que prestarse unos a otros los juguetes y las demás cosas. Por esto, para que aprendiesen a ser generosos, cuando veía que dos hermanos querían  jugar con él, empezaba a correr y correr como un ratoncito. Todos lo seguían, pero no se dejaba coger por ninguno. De esta manera, conseguía que no riñeran entre ellos y que todos disfrutaran persiguiéndolo por toda la casa.

Samuel Valero

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