10. Tarzán de goma

Iván  Olsen estaba cansado de que le llamaran Tarzán de goma, porque él no era de goma.

   No era más que un niño normal que recibía demasiados golpes y al que siempre le echaban agua en los pantalones.

   Pero un día Iván Olsen se decidió a aprender algo.

   Tenía que haber algo para lo que él sirviera.

   -Primero voy a aprender a jugar al fútbol como los otros niños -pensó Iván.

   Por eso un día Iván Olsen se fue hasta el campo de fútbol para aprende a jugar.

   El campo de fútbol era una explanada grande y cubierta de hierba. Estaba lleno de niños que corrían de un  lado para otro detrás de una pelota.

   -Ahí está Tarzán de goma -gritaron algunos niños-. ¿A qué vendrá aquí?

   -¡Eh…! -dijo Iván-. Me gustaría aprender a jugar al fútbol.

   Los niños dejaron de jugar y se acercaron a él.

   -¿Cómo dices? -le preguntaron.

   -Que me gustaría aprender a jugar al fútbol -repitió Iván.

   -¿Sabes regatear? -le preguntó un niño alto y delgado.

   -¿El qué? -dijo Iván, que no tenía ni la menor idea de lo que era regatear.

   -¿Sabes meter goles? -preguntó otro niño.

   -¿Cómo…? -dijo Iván Olsen-. ¿Goles?

   -¡Bah! -dijeron los niños-. Por lo visto no entiendes mucho de tútbol.

   -Pues no -dijo Iván Olsen.

   -Está bien, vamos a hacer le una prueba -dijo el niño alto y delgado-. A ver lo que sabe hacer Tarzán  de goma.

   -Sí, eso -dijeron algunos de los otros niños-. Dale una patada a la pelota.

   El balón estaba sobre la hierba, delante de los niños.

   -Toma carrerilla -dijeron otros.

   Iván Olsen emprendió una carrerilla de unos siete u ocho metros. Corrió hacia el balón y dio una patada, lo mejor que pudo.

   Pero Iván Olsen no le dio a la pelota.

   Lo que hizo fue dar una patada al aire, con tanta fuerza que se le escapó una de las botas y se cayó de espaldas.

Tarzán  de goma. Ole Lund Kirkegaard. Ed. Alfaguara

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