17. Rabito Blanco

Rabito Blanco era un conejito que movía sin cesar su rabito y hacía un ruido así:

    ¡Sess-sess, sess-sess! 

    Cuando sus padres oían el ruido de Rabito Blanco, se ponían muy contentos. Su hijito andaba por allí.

    Pero un día sus papás no oyeron el ruido de Rabito Blanco. El conejito se había escapado de casa. Le gustaba mucho corretear por el bosque.

    -No vayas solo al bosque -le decían todos los días-, porque si viene el Hombre Malo con su escopeta te puede matar. Le gusta mucho la carne de Rabito Blanco llegó al bosque. Aprovechó unas carrascas y empezó a hacer una cueva. Al poco tiempo oyó un ruido extraño. Dejó de escarbar. Estiró las  orejas. Escuchó con atención y le pareció oír estas palabras:

    -¡Te ca-za-ré, te co-me-ré!

    Muerto de miedo dio un salto y corrió a su casa. Sus padres le esperaban llorando. Rabito Blanco les contó su aventura. Ellos escucharon con atención y al final rieron a  carcajadas.

    -Hijo mío -le dijo su padre-, lo que oíste no decía: «¡Te ca-za-ré, te co-me-ré!», sino       «¡Sess-sess, sess-sess!»

    Rabito Blanco se había asustado de su propio  rabito que no se estaba quieto nunca.

    Edit. Cumbre

Volver a: Lectura de pequeños