20. Una niña golosa

Una niña tenía la mala costumbre de curiosear, de tocar y coger todo lo que su mamá guardaba. Siempre que no la veía nadie registraba cajones, abría armarios y miraba estantes para ver qué encontraba. Era muy golosa y aprovechaba cuantos descuidos había en su casa para satisfacer su feo vicio.

   Un día le mandó su mamá que limpiase los zapatos de su hermanito pequeño, que se había metido en un charco viniendo de la Escuela, mientras ella, la mamá, cosía a máquina un vestidito. La niña desobedeció; en vez de hacer lo que mamá le había mandado, se fue a la despensa a ver si encontraba alguna golosina para comerla o para guardarla en sus bolsillos.

   Sobre una tabla bastante alta vio una caja donde su mamá acostumbraba a tener galletas, mantecadas y frutas secas. Cogió una silla para alcanzarla y no podía; entonces pensó que su papá tenía un libro grande y grueso en la mesa y podía aprovecharlo en aquella travesura. Colocó el libro sobre la silla y ella se puso sobre el libro; aún tuvo que alzarse sobre las puntas de los pies y, al fin, logró introducir la mano en la caja.

   Enseguida dio un fuerte grito de sorpresa y dolor. Su mamá había comprado aquel mismo día unos cangrejos muy grandes y los dejó dentro de la caja para que no se escapasen y en sitio elevado para que sus hijos no los tocaran. Uno de estos feos animales se agarró fuertemente con sus poderosas pinzas a un dedo de la niña y le hacía mucho daño y le daba mucho miedo.

   Cuando la mamá oyó los gritos salió corriendo; no fue cosa muy fácil separar el cangrejo de su presa.

   La niña desobediente y golosa recibió el castigo correspondiente a su falta. Además del susto y del daño que le causó el crustáceo, pasó muchos días sin comer postre y sufrió la vergüenza de que todos se enterasen de su defecto; de que era una niña muy golosa.

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