27. El gato con botas

Había una vez un molinero tan pobre que, al   morir, sólo dejó en herencia el molino a su hijo    mayor y un gato al menor.

    El pobre chico estaba muy triste.

    -Amo mío, no te pongas así, déjame tus botas y   haz lo que te diga, vámonos pues.

    -¿De quién son estas tierras y rebaños?

    -Del terrible ogro del castillo.

    -Desde ahora son del Marqués de Carabás, así lo  diréis cuando pase el rey.

    Cuando el rey llegó, preguntó a un pastor:

    -¿De quién son estos rebaños?

    -De Marqués de Carabás.

    -¿Y de quién son estas tierras?

    – También, señor.

    Mientras tanto, el gato hizo que su amo se desnudara y se bañase en el río. Le escondió sus pobres ropas y esperaron la llegada del rey.

    -¡Auxilio, Majestad, han robado los vestidos de  Carabás!

    El rey, al oírle, hizo parar la carroza inmediatamente.

    -Soldados, en seguida, ayudad al Marqués de Carabás, -ordenó el rey, mientras descendía de su   carroza para saludarle personalmente-.

    Entre tanto, el gato preguntaba al ogro:

    -¿Sois vos el mago que puede transformarse en cualquier animal? 

    -¡Si!

    -¡No me lo creo, demostrádmelo!

    El ogro cayó en la trampa cuando le dijo:

    -¿Podéis convertiros también en un ratón?

    -¡Ja, ja, pues claro!

    Al instante el gato se lo comió.  

    Precisamente entonces llegaron el rey y el Marqués al castillo:

    -Entrad, Majestad, a la humilde mansión del Marqués de Carabás.

    Gracias a la astucia del gato con botas, su amo, el hijo del molinero, pudo casarse con la hija del  Rey y vivir feliz con ella toda su vida.

    Cuento clásico

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