29. El mago de Oz

En una granja de Kansas, mientras Dori se paseaba con su perrito Totó, un fuerte ciclón se los llevó  por los aires hasta el país de Oz.   

    La Bruja del Norte les dijo que sólo el Mago de  Oz sabía el modo de regresar a su país. Por el camino, encontraron un espantapájaros que les quiso seguir.      

    Mas adelante, un leñador de hojalata les explicó que deseaba tener un corazón para amar y se unió a  ellos para acompañarles.

    Algo después, un león cobarde les confesó que necesitaba tener valor para ser el rey de la selva  y también se unió a ellos.       

    Los cinco amigos siguieron el Camino Dorado en busca de la Ciudad Esmeralda, donde vivía el Mago.     Al cabo de unos días de andar y pasar aventuras, divisaron a lo lejos el Castillo Esmeralda, de color verde.                                                 Cada uno expuso al Mago su deseo: volver a Kansas; tener cerebro en lugar de serrín; un corazón para amar y valor para ser rey.      

    -Con una condición: tenéis que matar a la Bruja  del Oeste -que le estaba escuchando-.    

    La malvada Bruja se abalanzó sobre nuestros amigos, pero tropezó con un pozal de agua, lo único que podía destruirla, y murió.  

    Al instante se les apareció la buena Bruja del Sur que les concedió a cada uno lo que tanto deseaban. A Dori, además, le reveló un secreto:  

    -Cuando salgas de la Ciudad Esmeralda, tienes quedar tres golpes con los tacones y volverás a tu país. Y así fue.                                                        

    Cuento clásico

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