Lección de 30. Los príncipes del año

Sucedió, hace ya muchos siglos, que un rey poderoso pensó en nombrar tres príncipes que viajasen continuamente por su reino. El rey los llamó: Verano, Otoño, Invierno.

    Envió el rey a su pueblo al príncipe Verano, pero a los pocos días de su llegada, los manantiales se secaron y la sed y el calor amenazaron con devorar  la vida de todos los habitantes del reino.

    Mandó entonces el rey al príncipe Otoño, que llegó acompañado de muchos frutos de regalo. Pero a los pocos días los árboles perdieron sus hojas, el  cielo se cubrió de nubes grises cargadas de agua, y el viento azotó campos y poblados.

    Llegó después el príncipe Invierno, frío, majestuoso, haciéndose acompañar por centenares de  vasallos que sostenían su pesada capa de armiño. El frío corazón del príncipe helaba todo a su alrededor. 

    Viendo el rey la tristeza de su pueblo, tuvo compasión de él y decidió buscar una solución.

    En regiones doradas y de ensueño, vivía una princesa llamada Primavera. El monarca la mandó llamar, y apenas entró la princesa en los dominios del rey, la tierra se cubrió de flores, los pájaros cantaron alegres construyendo sus nidos y los árboles vistieron de verde sus ramas. Un sol suave  y limpio lució el firmamento, y, por las noches, las estrellas brillaron con extraordinario fulgor.

    El rey dejó entonces al país en manos de los cuatro príncipes, y éstos viajaron por el reino siempre en este orden: Primavera-Verano-Otoño-Invierno.

          Mª Jesús Ortega

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