34. La tienda

¡Eh, chicos! -nos dijo Joaquín, al salir de la escuela-. ¿Y si mañana fuéramos de «camping»?

   – ¿Qué eso de «camping»? -preguntó Clotario, con el que nos moríamos de risa, porque nunca sabe nada de nada.

   – ¿El «camping»? ¡Es un fenómeno! -le explicó Joaquín-. Fui el domingo pasado con mis padres y unos amigos suyos. Se va en coche, al campo, muy lejos, y después se busca un bonito rincón cerca de un río, se montan las tiendas, se hace fuego para guisar, se pesca, se baña uno, se duerme en la tienda, hay mosquitos, y cuando se pone a llover, se marcha uno corriendo.

   – En mi casa -dijo Majencio., no me dejarán ir a hacer el payaso yo solo en el campo. Sobre todo, si hay un río.

    -¡No, claro que no! -dijo Joaquín-. Haremos como si fuéramos de «camping». ¡Acamparemos en el solar!

   – ¿Y la tienda? ¿Tienes tú una tienda? -preguntó Eudes.

   – ¡Pues claro! -contestó Joaquín-. Entonces, ¿de acuerdo?

   Y el jueves estábamos todos en el solar. No sé si os he dicho que en mi barrio, muy cerca de mi casa, hay un solar formidable donde se encuentran cajas, papeles, piedras, latas viejas, botellas, gatos enfadados y, sobre todo, un coche viejo que no tiene ruedas, pero que de todos modos es estupendo.

   Joaquín  llegó el último con una manta doblada bajo el brazo.

   – ¿Y la tienda? -preguntó Eudes.

   – Bueno, ahí está -contestó Joaquín, enseñándonos la manta, que era muy vieja, con montones de agujeros y manchas por todas partes.

   – ¿Y eso es una tienda de verdad? -dijo Rufo.

   – ¿Es que te crees que mi papá iba a prestarme su tienda nueve? -dijo Joaquín-. Con la manta haremos como si fuera una tienda.

   Y después, Joaquín dijo que teníamos que subir todos al coche, porque para acampar hay que ir en coche.

   – ¡No es cierto! -dijo Godofredo-. Tengo un primo que es boy-scout y siempre va a pie.

   Los amiguetes del pequeño Nicolás. Sempé-Goscinny. Editorial Alfaguara.

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