40. Encuentran a la princesa Micomicona

    -Yo os ayudaré -dijo Dorotea-: me pondré mis ropas de mujer y haré
de princesa con mucha propiedad, porque he leído más de una docena
de libros de caballerías y conozco muy bien las costumbres de las
princesas.
   De modo que, cuando Sancho Volvió, se encontró frente a frente con
la mujer más bella que había visto en su vida. Dorotea se había puesto
un manto precioso que redoblaba su hermosura y llevaba un collar de
esmeraldas que parecía digno del cuello de una reina.
   -¿Quién es esta fermosa doncella? -preguntó.
   -Es la princesa Micomicona -le respondió el cura- que busca a don Quijote
para pedirle que la vengue de un gigante y promete pagarle el favor con
muchas riquezas.
   -¡Dichoso hallazgo! -exclamó Sancho Panza-. ¡Ya verá qué pronto mata
mi señor a ese hideputa de gigante!
   Cuando llegaron por fin junto a don Quijote, lo encontraron más flaco y
amarillo que nunca, porque llevaba tres días pegando brincos y dándose
cabezadas contra los árboles sin comer otra cosa más que hierbas. Dorotea
se le acercó en compañía del barbero de las falsas barbas y se arrodilló
diciendo:
   -Oh valeroso caballero!, no me levantaré de aquí hasta que me
otorguéis un don que quiero pediros.
   -Yo vos lo concedo siempre que no haga daño a mi patria ni a mi señora
Dulcinea del Toboso -respondió don Quijote.

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