41. Tenía que matar al gigante Pandafilando

    –Señor mío, yo soy la princesa Micomicona, y he venido desde el
lejano reino de Micomicón para pediros que matéis al gigante
Pandafilando, que quiere quitarme el trono. Mi padre, que es un mago
muy sabio, me dijo que en España encontraría al caballero más
valeroso del mundo, que se llama don Azote o don Cogote…
   -Don Quijote, señora, don Quijote -corrigió Sancho.
   -Mi padre también me dijo que podría reconocer al caballero que
buscaba porque tiene un lunar pardo con dos pelos muy negros
debajo del hombro izquierdo…
   -Sancho, hijo -dijo entonces don Quijote-, ayúdame a quitarme la
camisa, que quiero ver si soy yo ese caballero.
   -No hace falta, señor -respondió Sancho-, que yo he visto que
vuestra merced tiene en la espalda un lunar con dos pelos más gruesos
que las cerdas de un cepillo.
   -Entonces pongámonos en camino, señor don Quijot4e -dijo Dorotea-,
pero con la condición de que no os entrometáis en ninguna otra aventura
fasta que me venguéis de Pandafilando. Y, si salís victorioso, me casaré
con vuestra merced para haceros rey, y así podréis nombrar a Sancho
gobernador de una de mis ínsulas.
   -¡Viva la princesa Micomicona! -dijo Sancho, loco de felicidad, y corrió
a besar las manos de Dorotea.
   En cambio, don Quijote respondió con rostro serio:
   -Señora mía, lo de casarme con su Alteza es imposible, porque mi
corazón es de Dulcinea del Toboso.

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