44. Sancho va a ver a Dulcinea

Se la dije a un sacristán, y la copió al pie de la letra.
   -Y dime, Sancho, ¿qué hacía la reina de la hermosura cuando la
viste? Sin duda estaría ensartando perlas o bordando unas sedas con
hilo de oro…
   -Cuando yo llegué estaba cubriendo de sal unos lomos de puerco.
   -Pero seguro que al acercarte a ella sentiste un delicioso aroma de
rosas…
   -Lo que noté fue un olorcillo algo hombruno, pero sería que estaba
sudada de tanto traer y llevar los puercos.
   -No sería eso, Sancho, sino que tú estarías algo acatarrado, o que te
oliste a ti mismo, porque mi Dulcinea huele mejor que los lirios del campo.
Pero, ¿sabes qué es lo que más me maravilla, Sancho? Que sólo has
tardado tres días en ir al Toboso y volver. Seguro que fuiste y viniste por
los aires, por algún hechicero que me aprecia.
   -Eso sería, señor -respondió Sancho-, porque yo noté que mi borrico
andaba como si volara.
   Así siguieron un buen rato, don Quijote haciendo preguntas y Sancho
contestándolas con lo primero que le venía a la lengua. Y, aunque el pobre
salió bien de la prueba, maldijo a quienes le habían obligado a decir tantos
embustes, pues había sudado cien veces más con aquellas pocas mentiras
que en toda una vida de trabajar en el campo.

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