62. Aparece un libro de don Quijote

Mientras tanto, don Quijote estuvo más de un mes en la cama,
sufriendo por las viudas y los huérfanos a los que dejaba sin ayuda.
Sancho visitaba a su amo a diario, porque se moría de ganas de
volver a los caminos y visitar castillos y matar gigantes. Pero no
siempre podía entrar en la casa de don Quijote, pues a veces la
criada le cerraba el paso gritándole:
   -¡Vete de aquí, maldito, que tú eres el que desquicias a mi amo
y lo llevas por esos andurriales!
   Un buen día, Sancho acudió a visitar a don Quijote en compañía
de un joven bachiller del pueblo que se llamaba Sansón Carrasco.
Nada más entrar en el aposento, el tal Sansón, que era muy
bromista, se arrodilló ante la cama y dijo:
   -¡Oh, señor don Quijote, que amparáis a las doncellas y favorecéis
a las viudas, sois el caballero más famoso del mundo, como bien
demuestra este libro que os traigo!
   Do Quijote tomó el libro que le mostraba Sansón y leyó su título en
voz alta: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por el
historiador árabe Cide Hamete Benengeli y traducida a la lengua
castellana por Miguel de Cervantes Saavedra.
   -¿No te decía yo, Sancho amigo -dijo el caballero lleno de orgullo-,
que algún sabio escribiría mis hazañas para ejemplo de todos?
   Sancho, que estaba tan orgulloso como su señor, le preguntó a
Sansón si también él aparecía como presonaje en el libro.
   -Personaje, Sancho, se dice personaje -respondió el bachiller-.
Y no solo aparecéis en el libro, sino que el tal Cide Hamete cuenta
incluso las volteretas que disteis en la manta, y dice que algunas
veces no sois tan valiente como debierais.
  -Yo soy como soy -sentenció Sancho-, y con tal de verme puesto
en los libros, me importa un higo lo que digan de mí.

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