75. Fracasa el plan de Carrasco

Don Quijote envainó su espada y ayudó al caballero a levantarse, tras
lo cual le dijo a Sancho que ya era hora de irse, porque aquella aventura
había tocado a su fin. Y lo mejor es que se marchó convencido de que
los encantadores le habían cambiado la cara a su rival, cuando lo cierto
es que había batallado contra el auténtico Sansón Carrasco. Y es que
aquel enredo formaba parte del plan del bachiller para devolverle la
cordura a su vecino Alonso Quijano.
   -Yo quería salir vencedor para imponerle a don Quijote la obligación de
no salir nunca más de su aldea -dijo Sansón cuando se quedó a solas con
Tomé Cecial-, pero todo nos ha salido al revés.
   -Decís bien, porque don Quijote se va loco y contento y nosotros
quedamos cuerdos y malparados -respondió Tomé, que había aceptado
hacer de escudero porque era un hombre alegre y de poco entendimiento-.
Así que yo me vuelvo a mi casa, porque no quiero acabar en la tumba
antes de tiempo.
   -Pues yo sigo adelante -murmuró el bachiller-, aunque ya no lo hago por
curar al maldito don  Quijote, sino para vengarme de él. Pero antes tengo
que encontrar a un médico que me entablille las costillas, pues lo menos
me he roto cinco o seis.
   Mientras tanto, don Quijote siguió su camino hacia Zaragoza, por el que
iba Sancho callado y meditabundo, pues estaba convencido de que los dos
con los que habían batallado eran los verdaderos Sansón Carrasco y Tomé
Cecial.
   -No pienses más en eso -le decía don Quijote-. El que ha peleado conmigo
no puede ser Sansón Carrasco, porque ni el bachiller es caballero ni tiene
nada contra mí.

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