9. Quemaron los libros de caballerías

En esto, se oyeron en la calle unos grandes suspiros de dolor, y todos
salieron a la puerta a ver lo que pasaba.
   -¡Don Alonso! -exclamó la criada cuando descubrió a su amo atravesado
sobre el asno.
   -Llevadme a mi cama -susurró don Quijote-, que he caído de mi caballo
cuando combatía contra diez gigantes.
 «¿Conque gigantes…?», se dijo el cura. «Por mi vida que mañana mismo
quemaré los libros que os han vuelto loco».
  Y así se hizo. Al día siguiente, aprovechando que don Quijote aún dormía,
el cura y el barbero entraron en el cuarto donde guardaba sus más de cien
libros y los fueron tirando al patio, donde la criada los apiló para quemarlos.
   -¿Y qué pasará cuando mi tío se despierte y no encuentre los libros?
-preguntó la sobrina.
   A lo que el cura respondió:
   -Lo mejor será tapiar la puerta de la biblioteca y decirle a vuestro tío que un
encantador se ha llevado todos los libros y hasta el cuarto en el que estaban.
   La idea les pareció bien a todos, y pensaron que con aquello bastaría para
devolverle la cordura a don Alonso. Así que aquella misma tarde tapiaron la
puerta del cuarto mientras el humo de los malditos libros oscurecía el cielo
limpio de la aldea.

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