93. El mundo visto desde el aire

Entonces se quitaron los pañuelos y descubrieron con asombro
que estaban en el mismo jardín de donde habían salido. La Trifaldi
y sus barbudas habían desaparecido, y los duques y sus criados
estaban como desmayados en el suelo. Pero lo que más
sorprendió a don Quijote fue encontrar una lanza clavada en la
tierra, de la que colgaba un pergamino que decía con grandes
letras de oro:
   El ilustre caballero don Quijote de la Mancha acabó la aventura
de la condesa Trifaldi son solo intentarla. Malambruno se da por
contento y las barbas de las dueñas quedan ya listas y mondas.
   -Bendito sea Dios, porque todo ha acabado bien -dijo don Quijote.
   Y, con esta satisfacción, se fue hacia los duques, que fingieron
despertar de su desmayo y alegrarse mucho con la noticia de que
la aventura había terminado sin daño para nadie. Pero lo que les
contentó de verdad fue lo bien que había salido la burla, y la
destreza con que sus criados habían hecho el papel de la condesa
Trifaldi y sus doce dueñas barbudas. La duquesa le preguntó a
Sancho qué era lo que más le había gustado del viaje, y entonces
el buen escudero respondió:
   -Lo más bonito ha sido ver lo pequeño que es el mundo mirado
desde el cielo. Porque, cuando íbamos volando, yo me he levantado
un poquito el pañuelo por un lado y entonces he visto la tierra y me
ha parecido tan pequeña como un grano de mostaza. Y me he dicho:
«¡Ay Sancho!, ahora ya ves que los gobiernos y riquezas por los que
tanto peleáis los hombres no merecen la pena, porque son cosas
pequeñas y de poca sustancia y se marchitan de un día para otro
como la flor del campo».

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