Lección de Confesión o acusación de los pecados

Para hacer una buena confesión es necesario decir todos los pecados al confesor; la confesión es a modo de juicio y ningún juez puede juzgar ni poner la penitencia adecuada si no conoce la causa del reo. Hay que confesar todos los pecados mortales según su número y circunstancias importantes; por ejemplo, las que cambian la especie del pecado, que hacen que en solo acto se cometan dos o más pecados específicamente distintos, como sería el robo con violencia.

    Se cometería un sacrilegio y la confesión sería inválida si se callara un pecado mortal a sabiendas; si se olvida algún pecado y uno se da cuenta después, queda perdonado ese pecado pero hay obligación de decirlo en la próxima confesión; mientras tanto se puede comulgar. Aunque no es necesario es muy conveniente confesar también los pecados veniales.

Cumplir la penitencia

   La penitencia impuesta por el confesor es para satisfacer la deuda debida a Dios por el pecado. Es muy bueno que, además de cumplirla en seguida, el penitente procure libremente hacer por su cuenta otras obras que le ayuden a sentir y reparar el pecado. Si teniendo intención de cumplir la penitencia, luego no se cumple, la confesión es válida, aunque este incumplimiento puede ser grave o leve según los casos.

Normas prácticas sobre el modo de confesarse

   a) Antes de la confesión. Es bueno rezar alguna oración preparatoria, por ejemplo: «Ven, Espíritu Santo, ilumíname para que pueda conocer mis pecados. Ayúdame para que tenga verdadero dolor, los confiese con sinceridad y me enmiende seriamente. Amén».

    Después de hacer el examen de conciencia, se provoca el dolor de todos y cada uno de los pecados y se hace el firme propósito de luchar para no caer en esas faltas (propósito de la enmienda). Mientras se espera, hay que procurar el recogimiento interior hablando con el Señor o rezando algunas oraciones.

    b) Durante la confesión. En el momento oportuno, el penitente se dirige al confesionario, se arrodilla, y saludo al sacerdote con el saludo habitual: «Ave María Purísima». El sacerdote nos acoge y nos invita a la confianza en Dios, diciendo, por ejemplo: «El Señor esté en tu corazón para que, arrepentido, confieses tus pecados». Después, y si el sacerdote lo cree oportuno, lee o recita de memoria algún texto de la Sagrada Escritura, en el que se manifieste la misericordia de Dios. Seguidamente, el penitente se acusa de los pecados; antes puede recitar una fórmula de confesión, por ejemplo: «Yo confieso». Se acusa de todos los pecados con brevedad, claridad y sinceridad. Al terminar se puede decir: «No recuerdo más». Luego se escucha con atención la recomendación del sacerdote y la penitencia que impone. Se hace un acto de contrición diciendo, por ejemplo: «Señor Jesús, Hijo de Dios ten piedad de este pecador». Mientras el sacerdote imparte la absolución, nos recogemos con piedad y agradecimiento, respondiendo cuando acaba: «Amén».

    c) Después de la confesión. Lo mejor es cumplir la penitencia indicada cuanto antes, sin dejarla para más adelante. Al mismo tiempo se da gracias a Dios por su misericordia, se renuevan los propósitos de enmienda y se pide ayuda al Seños y a la Virgen para ponerlos en práctica.

La celebración del sacramento de la penitencia

   Aunque en casos realmente excepcionales hay otras formas, la confesión individual e íntegra de los pecados graves seguida de la absolución es el único camino ordinario para la reconciliación con Dios y con la Iglesia.

Las indulgencias

   Fuera de la confesión, Jesús ha dado a su Iglesia poder para perdonar la pena temporal debida por los pecados, y lo hace por medio de las indulgencias. Así, pues, con las indulgencias se perdona la pena temporal que puede restar de pecados ya perdonados. Para ganarlas hay que estar en gracia de Dios y hacer lo que pide la Iglesia.

    Se ganan indulgencias de muchas maneras: al ofrecer el trabajo o estudio, el rezar el Ángelus, el Rosario, el Vía Crucis, la comunión espiritual, una oración por el Papa, al usar una medalla o un crucifijo bendecido, etc.


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