Creo – Creemos

Cuando rezamos el Credo, unas veces decimos: creo en Dios, en singular, porque la fe es un acto de la persona que acepta libremente la autoridad de Dios que revela; en otras ocasiones decimos: creemos en Dios -en plural- para significar que la fe la recibimos, la profesamos y la vivimos en el ámbito comunitario de la Iglesia de Jesucristo, en la que, con Él, que es la Cabeza, formamos un solo Cuerpo todos los creyentes. Así, la Iglesia es como la Madre de todos los fieles, como dice san Cipriano al relacionar la fe en Dios con el papel de la Iglesia: «Nadie puede tener a Dios por Padre, si no tiene a la Iglesia como Madre».

Creer lo que la iglesia nos enseña

    Jesucristo fundó la Iglesia para que continúe su misión en el mundo transmitiendo sus enseñanzas; para eso cuenta con la asistencia del Espíritu Santo. Por eso decimos: «Creo todo lo que dice y enseña la Santa Iglesia, porque es lo que me dice Dios». La certeza de esas verdades no se apoya en las razones que puedan darme los hombres que estudian la Revelación, sino en la autoridad de Dios que las ha revelado; y la Iglesia, asistida por el espíritu Santo, las transmite íntegras en virtud de la infalibilidad con que Dios la dotó en cosas de fe y moral.

La fe es necesaria para salvarse

    La fe es necesaria para la salvación. Lo afirma el mismo Jesucristo: «El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, se condenará» (Marcos 16,16). Hay un cuadro del Apóstol Tomás que pone los dedos en el costado de Cristo. Como se resistió a creer en la resurrección de Jesús, el Señor le reprende cariñosamente: «Tomás, porque me has visto has creído; dichosos los que sin ver creyeron» (Juan 20,29). Hemos de rezar por los que no creen, pidiendo a Dios que les conceda la gracia de la fe, ayudándoles con nuestro ejemplo y doctrina, ejercitando el apostolado de la doctrina.

El Credo, resumen de las verdades que debemos creer

    Desde el principio los cristianos dispusieron de Símbolos o fórmulas de fe, que resumían la enseñanza de la Revelación divina. Existen varias formulaciones de las verdades de fe, pero ocupan un lugar muy particular en la vida de la Iglesia el Símbolo de los Apóstoles y el Símbolo de Nicea-Constatinopla. En España puede recitarse en la Misa de los domingos y solemnidades uno u otro -a elección del sacerdote- y es la parte que se conoce como el Credo. Cuando recitamos el Credo, estamos haciendo un acto de fe en las verdades fundamentales que Dios nos ha revelado.

Hacer muchas veces actos de fe

    Dios nos ha dado el gran regalo de la fe, y hemos de agradecérselo haciendo con los labios -o sólo con el corazón- actos de fe:

– Creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo.
– Creo en la Santísima Trinidad.
– Creo en Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
– Creo que Santa María es Madre de Dios y Madre nuestra.
– Creo, Señor, pero aumenta mi fe.
– Creo que la Iglesia Católica es mi Madre.

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