Lección de Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor

Los periódicos cuentan que alguien -mujeres, hombres y también niños- ha expuesto heroicamente su vida par salvar a otros, arrostrando o arriesgándose a peligros, incluso la muerte, para ayudar a sus semejantes. Se les puede llamar «salvadores»; y los que han sido salvados recuerdan con agradecimiento a quienes les ayudaron en momentos difíciles. En el tema anterior decíamos que Dios se apiadó de los hombres y les prometió un Redentor para salvar a la humanidad del pecado y de sus graves consecuencias. Para salvarnos, Dios envió a su Hijo, que es Jesucristo, el Cristo, o Jesucristo.

    Los Evangelios cuentan lo que Jesús hizo y enseñó, mostrando que es verdadero hombre: nace de una mujer -la Virgen-, tiene cuerpo como el nuestro, habla, llora, tiene hambre, sufre… También proclaman su divinidad: hace milagros, perdona los pecados, dice de sí mismo que es el Hijo de Dios y resucita por su propia virtud. Como afirma la fe de la Iglesia, Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.

    Además de Salvador y Redentor, Jesucristo es el modelo para los hombres, especialmente para los cristianos. Es lógico que tengamos especial interés por conocer quién es Jesucristo: su vida en la tierra; su pasión, muerte, resurrección y ascensión a los cielos; su doctrina. Cristo vive, y no sólo hemos de conocerle sino amarle, cada día un poco más. Lo amaremos si le tratamos. ¿Y cómo tratar a Cristo? A través de la oración y de los sacramentos.

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