Lección de Curación del paralítico

Era la fiesta de los judíos (la Pascua) y Jesús subió a Jerusalén.

    Hay en Jerusalén una piscina llamada probática que tiene cinco pórticos. En  éstos yacía una muchedumbre de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel del Señor descendía de vez en cuanto a la piscina y removía el agua. Y el primero que entraba es la piscina después de esto, quedaba sano.

   Había allí un hombre que padecía una enfermedad desde hacía treinta y ocho años. Jesús, al verlo tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: – ¿Quieres ser curado? El enfermo contestó: – Señor, no tengo un hombre que me introduzca en la piscina cuando se mueve el agua; mientras voy, desciende otro antes que yo. Le dijo Jesús: – Levántate, toma tu camilla y anda. Al instante aquel hombre quedó sano, tomo la camilla y echó a andar.

   Aquel día era sábado. Entonces los judíos tomaron ocasión para calumniar a Cristo porque no guardaba la ley del sábado, a lo que Cristo opuso un valentísimo discurso en su defensa, manifestando, como Hijo del Padre, su poder absoluto. (Juan 5, 1-17)


Los Santos Padres enseñan que esa piscina prefigura el Bautismo cristiano. Pero señalan que mientras en la piscina se curaban las enfermedades del cuerpo, en el Bautismo se curan las del alma; allí era de vez en cuando y para un solo enfermo; en el Bautismo es siempre y para todos; en ambos casos se manifiesta el poder de Dios por medio del agua.

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