Lección de De qué se compone un sacramento

Un sacramento se compone de materiaforma y el ministro que lo realiza con la intención de hacer lo que hace la Iglesia.

    – La materia es la realidad o acción sensible, como el agua natural en el bautismo, o los actos del penitente en la confesión (contrición, confesión y satisfacción).

    – La forma son las palabras que al hacerlo se pronuncian.

    – El ministro es la persona que hacer o administra el sacramento.

Diversidad de sacramentos

   Siguiendo la analogía entre la vida natural y etapas de la vida sobrenatural, se pueden distinguir en los sacramentos tres grupos:

    a) Sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía, que ponen los fundamentos de la vida cristiana y comunican al hombre la vida nueva en Cristo;

    b) Sacramentos de curación: Penitencia y Unción de enfermos, que curan el pecado y las heridas de nuestra debilidad;

    c) Sacramentos al servicio de la comunidad: Orden sacerdotal y Matrimonio, establecidos para socorrer las necesidades de la comunidad cristiana y la sociedad humana.

    Los sacramentos forman como un organismo en el que cada sacramento tiene su función vital. La Eucaristía ocupa un lugar único, en cuanto «sacramento de los sacramentos». Podemos decir con Santo Tomás de Aquino que «todos los otros sacramentos están ordenados a la Eucaristía como a su fin».

Los sacramentos son necesarios para la salvación

   Los sacramentos no sólo son importantes sino necesarios, si queremos vivir la vida cristiana y aumentarla. Son como los canales que conducen el agua, y en este caso traen hasta nuestra alma la gracia de la redención de Cristo en la cruz. Y son necesarias también nuestras disposiciones para recibir -o recibir con más abundancia- el agua limpia de la gracia. Dan siempre la gracia si se reciben con las debidas disposiciones, y si no se recibe más gracia no es por culpa del sacramento, sino por falta de preparación. Hay que acercarse, por tanto, a recibir los sacramentos con la mejor disposición, para que podamos recibir la gracia y recibirla en abundancia.

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