Lección de Decálogo del buen discutidor

 Aunque el matrimonio funcione bien ordinariamente, es inevitable que surjan las discusiones porque hay diferencias de opiniones y gustos. Pero también se mejora la relación de la pareja superando los conflictos y especialmente aprendiendo a perdonar y a ser perdonado.

   Posiblemente ya hubo alguna discusión en el noviazgo y seguirán durante la vida matrimonial, así que conviene aceptarlas sin suprimir las emociones y sentimientos. Tomás Melendo ha señalado que «hay veces en que es bueno desfogarse». Por eso hay que aprender a discutir.

   1. No evitar a oda costa la discusión, sobre todo cuando la culpa sea propia. Pasados unos momentos de enfado, hay que volver hasta alcanzar un acuerdo deseable.

   2. Cada uno ha de estar dispuesto a reconocer sus errores y defectos. Esto es un signo de grandeza de ánimo.

   3. Cuando un cónyuge se da cuenta de que ha dicho algo incorrecto o injusto, debe retirarlo inmediatamente con lealtad.

(Pintura: Señor y señora Andrew. GAINSBORBOUGH. Galería Nacional de Londres)

Volver a: Aprender a discutir