Lección de El amor a los enemigos

Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace salir su sol sobre buenos y malos,  y hace llover sobre justos y pecadores. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? ¿Acaso no hacen eso también los publicanos? y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿Acaso no hacen eso también los paganos? Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto. (Mateo 5, 43-48)


El Señor llega a establecer que el cristiano no tiene enemigos personales. Su único enemigo es el mal en sí, el pecado, pero no el pecador. Se ha llegado a la cúspide de la perfección cristiana: amar y rezar hasta por los que nos persiguen y calumnien. Éste es el distintivo de los hijos de Dios.

(Pintura: Bautismo de Cristo. PATENIER, Joaquim. Museo Kunsthisorisches. Viena)

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