Lección de El final de Judas

Entonces Judas, el que le entregó, al ver que había sido condenado, movido por el remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes y ancianos, diciendo:

   – He pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron:

   – ¿A nosotros qué nos importa?; tú verás. Y, arrojando las monedas de plata en el Templo, fue y se ahorcó. Los príncipes de los sacerdotes recogieron las monedas de plata y dijeron:

   – No es lícito echarlas al tesoro del Templo, porque son precio de sangre. Y habiéndolo deliberado en consejo, compraron con ellas el campo del Alfarero para sepultura de los peregrinos; por lo cual dicho campo se ha llamado, hasta el día de hoy, campo de Sangre. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: Y tomaron las treinta monedas de plata, precio en que fue valorado aquél a quien tasaron los hijos de Israel; y las dieron para el campo del Alfarero, tal como me lo ordenó el Señor. (Mateo 27, 3-10).


El remordimiento de Judas no le lleva a arrepentirse, ya que le falta lo que hace que una conversión sea verdadera: la vuelta confiada a Dios que perdona. Judas Iscariote se desespera, desconfía de la misericordia de Dios y se suicida.

(Pintura: Cristo en el Huerto sujetado por un ángel. VERONÉS, Pablo. Pinacoteca Brera. Milán).

Volver a: El proceso religioso