El Imperio y la decadencia

Octavio César Augusto era sobrino de César y se proclamó emperador de Roma. (Ver figura lateral). Asumió todos los poderes: como procónsul, administraba las provincias; como emperador, era jefe del ejército; como tribuno, era inviolable y como sumo sacerdote, era el jefe de la religión. El Senado le concedió el título de Augusto o Sagrado, dotándole de honores divinos. Su obra de gobierno fue muy positiva: embelleció Roma y luchó contra la inmoralidad de las costumbres.

   Augusto pacificó las provincias y comenzó un largo período de paz y prosperidad en el que floreció la cultura y las artes. A este período del los siglos I y II después de Cristo se le llama la paz romana. Se desarrolló el comercio y se organizó el Imperio.

Los sucesores de Augusto extendieron los límites del Imperio. Así, Tito conquistó Jerusalén y el español Trajano amplió las conquistas al Norte del Danubio. Su sucesor Adriano estableció la frontera del Imperio en el río Eúfrates.

   Decadencia. Los pueblos extranjeros limítrofes al Imperio, a los que llamaban bárbaros, eran cada vez más poderosos y algunos se habían establecido pacíficamente dentro del Imperio.

   A partir del siglo II d. C. se generalizó una gran anarquía militar. Diocleciano reforzó la autoridad de los emperadores y el español Teodosio dividió el Imperio en dos partes: el Imperio Romano de Oriente y el de Occidente.

   Las invasiones de los pueblos bárbaros fueron cada vez más violentes y los pueblos germanos tomaron la ciudad de Roma en el año 467 d. C. Con ello desapareció el Imperio Romano de Occidente.

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