Lección de El octavo mandamiento ordena respetar la honra de los demás

   La honra es un bien más importante que los bienes materiales. Todos los hombres tienen derecho a su fama; por eso no podemos robar o destruir la honra de los demás.

    a) Modos de destruir la honra. Destruye la honra de los demás:
– La calumnia, que es exagerar las faltas de los demás o decir que han hecho algo malo sabiendo que no es verdad.
– La maledicencia o difamación, por difundir injustamente los defectos ocultos del prójimo.
– El falso testimonio, declarando en un juicio algo que no es verdad y perjudica al prójimo.
– El juicio temerario, que consiste en pensar mal de los demás sin justo motivo.
– Violando el secreto, que manifiesta lo que debía callar.

b) Actuación del cristiano. El que oye hablar de los demás -sea persona particular o institución (familia, Iglesia, etc.)- está obligado a no escuchar lo que se dice y a defender con valentía o a disculpar, si lo que dice es verdad.

    c) Obligación de restituir la honra. Dios quiere que seamos como los guardianes de la buena fama de los demás. El que destruye esta buena fama peca gravemente, si el defecto que descubre o el daño que produce es grave. El que ha dañado la buena fama del prójimo está obligado a reparar, esto es, a decir públicamente que aquello que ha dicho no es verdad o que ha exagerado. La reparación hay que hacerla -igual que cuando se roba algo material- para que se pueda perdonar el pecado.

Cuidar y defender nuestra buena fama

   Durante el juicio ante el Sanedrín, un criado dio una bofetada a Jesús que respondía a Caifás. Y el Señor se defendió: «Si hablé mal, muéstrame en qué, y si bien ¿por qué me pegas?» (Juan 18,23). Jesús da ejemplo de cómo hay que defender la buena fama cuando nos atacan injustamente.

Podemos ayudar a los demás con la corrección fraterna

   La caridad nos llevará a decir con nobleza, a decir las cosas a la cara, de frente, nunca de espaldas. Decir las cosas con verdad y caridad es ayudar a nuestros hermanos con la corrección fraterna. Podemos recordar lo que dijo Jesús: «La verdad os hará libres» (Juan 8,32).

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