Lección de El pudor y la modestia

Siempre se ha dicho que la pureza está defendida por el pudor, virtud que es parte potencial de la templanza. El pudor rechaza mostrar lo que debe permanecer velado, inspira la elección del modo de vestir, lleva a la modestia que regula los gestos y movimientos corporales, y mantiene silencio o reserva donde se adivina el riesgo de una curiosidad malsana. Existe un pudor de los sentimientos como también un pudor del cuerpo. El pudor custodia la intimidad de la persona y enseña sobre todo delicadeza.

Campaña por la pureza

   La pureza cristiana exige el saneamiento del clima actual de la sociedad, y el cristiano tiene que luchar contra la permisividad de las costumbres, que es resultado de una concepción errónea de la libertad. Aun con independencia de la fe, el hombre no puede dejarse arrastrar por ese erotismo difuso que impregna tantos espectáculos indecorosos de televisión, cine, teatro, etc., porque atenta contra la dignidad humana. Podría decirse lo del sabio: «Cuantas veces estuve con los hombres, volví menos hombre». Con mayor razón el cristiano ha de trabajar para que los espectáculos sean limpios y no ofendan a Dios, como ocurre siempre que encierran cultura verdadera.

El esfuerzo en favor de la castidad o pureza, que Dios protege con el sexto y noveno mandamiento, significa contribuir a que los hombres y las mujeres sean más capaces de sí mismas, y ayuda a purificar y elevar las costumbres de los pueblos. Si no se vive la pureza, las personas y los pueblos se embrutecen, viviendo como bestias.

Medios para vivir y crecer en pureza

   Se puede alcanzar y mejorar la pureza interior mediante la oración -la pureza siempre hay que pedirla-, con la pureza de intención, que busca cumplir en todo la voluntad de Dios; y cuidando la imaginación y la vista -junto con los otros sentidos- para poder rechazar cualquier complacencia en los pensamientos impuros.

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