Lección de El trabajo y el dominio de la tierra

Dios podía haber creado las cosas tal y como existen; por ejemplo: las mesas, las casas, las centrales eléctricas… Pero ha querido que el hombre domine la creación trabajando y sacándole todo su fruto. Cuando el hombre trabaja, colabora con Dios para dominar la creación, ya que Dios así lo quiso.

    Y como en la creación Dios lo hizo todo muy bien, porque es Dios y porque le mueve el amor que tiene a los hombres, así el hombre tiene que hacer las cosas bien y por amor a Dios, para que cuando Dios vea ese trabajo pueda decir: «Lo que hace el hombre está bien hecho». Hay que hacerlo poniendo esfuerzo y ofreciéndolo a Dios.

Dios conserva y gobierna el mundo

    Para que las cosas duren, procuramos conservarlas: se reparan los desperfectos, se engrasan las máquinas, se protegen del frío o del calor…; si las cosas no se cuidan, se estropean y ya no sirven. Podemos imaginar así la conservación del mundo, con la diferencia de que, si Dios no lo conservase, desaparecería y volvería a la nada.

    Además, Dios gobierna este mundo, y de manera especial a los hombres, con unas leyes que están impresas en su naturaleza, respetando siempre la libertad que les dio como uno de los grandes regalos.

Ofrecer el trabajo del día y mostrar agradecimiento al Señor

    Al empezar el día debemos ofrecer a Dios todo lo que vamos a hacer. Nos puede servir esta oración:

    «Te adoro, Dios mío, y te amo de todo corazón; te doy gracias por haberme creado, hecho cristiano y conservado esta noche; te ofrezco todas mis obras y te ruego que me guardes en este día de todo pecado y me libres de todo mal. Amén»

    Para no comer como los paganos, que no conocen a Dios, los cristianos bendecimos la mesa y damos gracias después de comer. Podemos decir al empezar a comer: «Bendice, Señor, estos alimentos que por tu bondad vamos a tomar». Y al terminar: «Te damos gracias, Señor, por los beneficios que hemos recibido de tus manos». El agradecimiento debe abarcar nuestra vida entera, que es un don de Dios.

Tener confianza en Dios

    El conocimiento de la Providencia que Dios ejerce sobre el mundo y sobre cada uno de nosotros nos debe llevar a una decisión confiada de ponernos en sus manos, para que de verdad y para siempre sea la fuente de nuestra serenidad, seguridad y alegría.

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