Lección de En la Eucaristía está el mismo Jesucristo

Aunque la fe de la Iglesia ha sido siempre la misma, la doctrina se ha ido desarrollando y el Concilio de Trento puntualiza que en la Santísima Eucaristía están contenidos verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero. Es lo que se conoce como presencia real de Cristo en el sacramento de la Eucaristía.

Se llama «real» no a título exclusivo, como si las otras presencias no fueran reales, sino por excelencia, porque es sustancial y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente, como explica Pablo VI. Esa luz que ardía día y noche junto al Sagrario nos recuerda que Jesús está allí realmente presente.

La transustanciación

   Ante la realidad sobrenatural del misterio eucarístico -la presencia real de Cristo bajo los velos de pan y vino- es inevitable la pregunta: ¿Qué ha sucedido? Porque antes era pan y era vino, y cuando el sacerdote dice: «Esto es mi Cuerpo», «Este es el cáliz de mi sangre, aquello es el Cuerpo y Sangre de Cristo. Es lo que nos dice la fe, y la palabra de Dios no puede fallar. Efectivamente, por el poder divino otorgado al sacerdote se ha producido un cambio, una conversión -y conversión de sustancias, porque las apariencias externas no han cambiado-, razón por la que, lo que era sustancia de pan se ha convertido en la sustancia de Cristo, en el Cuerpo de Cristo.

    Esa admirable y singular conversión es lo que se conoce con el nombre de transustanciación o cambio de sustancia. Es un misterio excepcional que la razón humana no alcanza a comprender, pero Dios puede hacerlo por medio de su ministro, el sacerdote.

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