Lección de Flagelación y coronación de espinas

Entonces Pilato tomó a Jesús y mandó que lo azotaran. Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la cohorte. Le desnudaron, le pusieron una túnica roja y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, y en su mano derecha una caña; se arrodillaban ante él y se burlaban diciendo:

   – Salve, Rey de los Judíos. Le escupían, le quitaron la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de reírse de él, le despojaron de la túnica, le pusieron sus vestidos y le llevaron a crucificar. (Juan 19, 1; Mateo 27, 28-31).


En nuestro corazón debe brotar, generosamente, el agradecimiento a Jesucristo y, junto con el agradecimiento, el dolor de nuestros pecados, el amor, los deseos de sufrir en silencio junto a Jesús, el ansia de reparar nuestros propios pecados y los de los demás. ¡Señor, nunca más pecar!; pero ayúdanos tú a serte fieles!

(Pintura: Flagelación de Cristo. SODOMA II. Museo de Bellas Artes. Budapest).

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