Lección de Jesús ante Caifás

Los que habían prendido a Jesús le llevaron a casa de Caifás, el Sumo Sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pero, por su parte, le seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, una vez dentro, se sentó con los sirvientes para ver el desenlace. Los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para darle muerte; pero no lo encontraron a pesar de los muchos falsos testigos presentados. Por último, se presentaron dos que declararon:

   – Éste dijo: Yo puedo destruir el Templo de Dios y edificarlo de nuevo en tres días. Y, levantándose, el Sumo Sacerdote le dijo:

   – ¿Nada respondes? ¿Qué es lo que éstos testifican contra ti? Pero Jesús permanecía en silencio. Entonces el Sumo Sacerdote le dijo:

   – Te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús le respondió:

   – Tú lo has dicho. Además os digo que en adelante veréis al Hijo de Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo. Entonces el Sumo Sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo:

   – ¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ya lo veis, acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece? Ellos respondieron.

   – Reo es de muerte. Entonces comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas; los que le abofeteaban decían:

   – Adivínalo, Cristo, ¿quién te ha pegado? (Mateo 26, 57-68).


Jesús había dicho: «Destruid este Templo y en tres días lo levantaré». Se refería a la destrucción de su propio cuerpo, es decir, a su Muerte y a su Resurrección. Los judíos entonces entendieron mal esta palabras, aplicándolas al Templo de Jerusalén.

(Pintura:  Agonía en el Huerto. MANTEGNA, Andrea. Galería Nacional. Londres).

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