Lección de Jesús condenado a muerte

Pilato convocó a los príncipes de los sacerdotes, a los magistrados y al pueblo y les dijo:

   – Me habéis presentado a este hombre como alborotador del pueblo Y he aquí que yo le he interrogado delante de vosotros, y no he hallado en este hombre delito alguno de los que le acusáis; ni tampoco Herodes, pues nos lo ha devuelto; por tanto, nada ha hecho que merezca la muerte. Así que, después de castigarle, lo soltaré. Pero la multitud clamó diciendo:

   – Quita de en medio a ése y suéltanos a Barrabás. Éste había sido encarcelado por cierta sedición ocurrida en la ciudad y por un homicidio. De nuevo Pilato les habló, queriendo poner en libertad a Jesús. Pero ellos continuaban gritando:

   – Crucifícalo, crucifícalo. No obstante, por tercera vez él les dijo:

– ¿Pues, qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito de muerte; por tanto, después de castigarle, lo soltaré. Pero ellos insistían a grandes voces pidiendo que fuera crucificado y sus gritos eran cada vez más fuertes. Pilato entonces decidió que se cumpliera su petición; soltó, pues, al que pedían, el cual había sido encarcelado por sedición y homicidio; y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos. (Lucas 23, 13-25).


«Es duro leer, en los Santos Evangelio, la pregunta de Pilato: ‘¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, que se llama Cristo?’ – Es más penoso oír la respuesta; ‘¡A Barrabás!’ Y más terrible todavía darme cuenta de que ¡muchas veces!, al apartarme del camino, he dicho también ‘¡a Barrabás!’, y he añadido ‘¿a Cristo?… «¡Crucifícalo!» (Camino, n. 296).

 (Pintura: Ecce Homo. CIGOLI, Galería Palatina. Florencia).

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