Lección de Jesús enseña a decir la verdad

Jesús nos enseña con su ejemplo a decir la verdad, aunque esto le costara muchos sufrimientos y la muerte. La verdad, dice Santo Tomás, es algo divino: hay que respetarla y amarla. A veces, decir la verdad cuesta y exige esfuerzo; pero hay que ser valientes para decirla siempre y no mentir.

    Jesús dijo en una ocasión: «Sea vuestro modo de hablar: sí, sí, o no, no. Lo que excede de esto, viene del Maligno» (Mateo 5,37). Es un buen lema que nos ayudará a ser sinceros y leales con Dios, con nosotros mismos y con los demás.

El daño de la mentira

   Igual que una cerilla -una cosa tan pequeña- puede destruir un bosque, así la mentira puede destruir cosas grandes, como la amistad de un amigo o la confianza de los padres. Si se miente a los amigos  o a los padres, se acaba perdiendo su amistad y su confianza. Después, aunque el mentiroso diga la verdad, ya no se le cree. Para vivir en sociedad es indispensable ser sinceros y decir la verdad. Para ello hemos de esforzarnos en la sinceridad con nosotros mismos, sin ocultarnos la verdad. Aun cuando nunca de debe mentir, en ocasiones se debe callar para guardar un secreto o para no perjudicar a otra persona.

Motivos por los que se miente

   Con frecuencia se miente por miedo o vergüenza de ser descubiertos; otras veces, para salir de un apuro o para gastar una broma. Puede ser pecado mortal mentir en asuntos importantes, o sabiendo que hacemos un daño grave.

    Si el bien común o particular no exige que callemos, un cristiano debe decir siempre la verdad, incluso hasta el martirio, que es supremo testimonio de la verdad de la fe.

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