Lección de Jesús invita a orar continuamente

El hombre es una criatura privilegiada pero con necesidades constantes; depende de Dios, que es quien puede resolver las necesidades, y acudimos a Él en la oración para contárselas. Jesús recurría continuamente a su Padre, y los Apóstoles lo verán frecuentemente entregado a la oración (cfr. Lucas 5,16; Mateo 14,23). San Lucas recuerda cómo un día «les dijo una parábola para mostrar que es preciso orar en todo momento y no desfallecer» (Lucas 18,1). Con el ejemplo y la exhortación el Señor quiere que comprendamos la necesidad de la oración.

Los momentos de la oración

    Generalmente, cuando se quiere ver a un personaje tenemos que esperar; Dios no hace esperar, antes bien es Él quien espera; ciertamente es un gran honor hablar con Dios en la oración. Podemos orar siempre, pero es buena pedagogía señalarnos momentos determinados para hacerlo: al levantarse y al acostarse; visitando al Santísimo por la tarde; después de  comulgar; al empezar un trabajo…; sin olvidar que la Santa Misa es -como ya se ha dicho- el momento cumbre para alabar, dar gracias, pedir perdón por los pecados y poner en manos de Dios nuestras necesidades y las de todo el mundo.

Modos de orar

    Cabe decir que hay infinitos modos de orar porque Dios guía a cada uno por su camino, y no se trata de encorsetar a nadie; sin embargo, la tradición cristiana señala como formas principales de orar:

    a) La oración vocal. Es la que se realiza también con palabras, como al rezar el Padrenuestro o el Avemaría.

    b) La oración mental. En realidad toda oración es -o debe ser- mental, en el sentido de que el alma de la oración está en la devoción interior; pero la calificamos así porque toda la carga del trato con Dios descansa en la actuación de la mente y no en las palabras; interviene el pensamiento, la imaginación, la emoción, el deseo, confrontando las verdades divinas con nuestra existencia real y personal para adaptarla al querer de Dios.

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