Lección de Jesús nos perdona los pecados

«En una ocasión le trajeron a Jesús un paralítico, que era llevado por cuatro amigos y como no podían acercarlo hasta Él por causa del gentío, levantaron la techumbre por el sitio en donde se encontraba y, después de abrir un hueco, descolgaron la camilla en la que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados» (Marcos 2, 3-5). Y le curó. Jesús le hizo dos favores: le curó el cuerpo de su enfermedad y le curó el alma de sus pecados.

   Jesús vino al mundo para salvarnos, para perdonarnos los pecados y abrirnos las puertas del cielo.

   Este poder de perdonar los pecados lo transmitió a los Apóstoles. Ahora el Papa, los obispos y los sacerdotes nos perdonan los pecados cada vez que acudimos a la confesión, bien dispuestos. Jesucristo nos perdona por medio del sacerdote.

   Ni la Virgen ni Jesús cometieron nunca ningún pecado. Los demás somos pecadores. Si alguna vez caemos y cometemos un pecado mortal, lo mejor es rezar el «Señor mío Jesucristo» y buscar un sacerdote para que nos confiese.

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