Lección de La dracma perdida

O ¿qué mujer, si tiene diez dracmas y pierde una, no enciende una luz y barre la casa y busca cuidadosamente hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas diciéndoles: alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que se me perdió. Así, os digo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.


Otra caída… y ¡qué caída!… ¿Desesperarte? No: humillarte y acudir, por María, tu Madre, al amor Misericordioso de Jesús.- Un ‘miserere’ y ¡arriba ese corazón!- A comenzar de nuevo (Camino, n.711).

Volver a: Parábolas de la misericordia