Lección de La esperanza de los «cielos nuevos y de la tierra nueva»

Al final de los tiempos, el Reino de Dios llegará a su plenitud, y los justos reinarán para siempre con Cristo, glorificados en cuerpo y alma. Y el mismo universo material -el cosmos entero- será transformado. La Sagrada Escritura llama «cielos nuevos y tierra nueva» a esta renovación misteriosa, que transformará la humanidad y el mundo.

No sabemos cómo será, pero en este universo nuevo que San Juan llama la nueva Jerusalén, Dios tendrá su morada entre los hombres. «Y enjugará toda lágrima de sus ojos y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado» (Apocalipsis 21,4).

5. Prepararnos para el encuentro definitivo con Dios

    Cuando el Concilio Vaticano II habla de estas verdades tremendas, puntualiza que la espera de una tierra nueva «no debe debilitar, sino más bien avivar, la preocupación de cultivar esta tierra». Y que «todos estos frutos buenos de nuestra naturaleza y de nuestra diligencia, tras haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y según su mandato, los encontraremos después de nuevo, limpios de toda mancha, iluminados y transformados cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal». Dios será entonces «todo en todos» en la vida eterna (cfr. Lumen gentium, 48).

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