Lección de La lanzada

Como era la Paresceve, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, pues aquel sábado era un día grande, los judíos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitasen. Vinieron los soldados y quebraron las piernas al primero y al otro que había sido crucificado con Él. Pero cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante brotó sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: No lo quebraron ni un hueso. Y también otro pasaje de la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. (Juan 19, 31-37).


«Jesús en la Cruz, con el corazón traspasado de Amor por los hombres, es la respuesta elocuente -sobran las palabras- a la pregunta por el valor de las cosas y de las personas. Valen tanto los hombres, su vida y su felicidad, que el mismo Hijo de Dios se entrega para redimirlos, para limpiarlos, para elevarlos» (Es Cristo que pasa, n. 165).

(Pintura: Tríptico de la Crucifixión. WEYDEN, Roger van der. Künshistorisches Museum. Viena).

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