Lección de La oración de Jesús

El Verbo encarnado, Hijo único de Dios, hace entrar a sus discípulos en la intimidad del Padre con el Espíritu Santo, siendo modelo perfecto de oración. Él enseña a tratar a Dios con el ejemplo y con la pedagogía de una instrucción precisa: «Padre nuestro…».

    a) Jesús ora. El Evangelio cuenta con frecuencia que Jesús se entregaba a la oración, y a veces en soledad, en lo secreto. La oración de Jesús transparentaba la identificación con la voluntad del Padre hasta la cruz y la absoluta seguridad de ser escuchado.

b) Jesús enseña a orar. Jesús enseñó a los discípulos a orar: Padre nuestro; para rezarlo bien hace falta un corazón limpio, fe viva y perseverante y audacia filial. El cristiano ora como hijo de Dios y refuerza sus peticiones con la intercesión de Cristo, en cuyo nombre las presenta al Padre.

    c) Jesús atiende la oración. Aunque Jesús muchas veces tomaba la iniciativa y se adelantaba a la necesidad, los milagros del Evangelio responden en numerosas ocasiones a la petición de la gente que se le acercaba. Jesús escuchaba y atendía aquella oración.

La oración de la Iglesia

   Al cabo de los años, el cristiano se convence de que lo importante es orar; y con esa experiencia sabe -si no lo ha sabido antes- que la Iglesia vive en oración, que existe para orar. Así se comprende la importancia de la oración -la inestimable ayuda de las almas que rezan- y la necesidad de intensificar cada uno el trato con Dios. Por otra parte, es el Espíritu Santo el que suscita en los cristianos la vida de oración, tan rica y variada: oración de adoración, de bendición, de alabanza, de petición, de intercesión, de acción de gracias, según los sentimientos que embargan al alma cuando habla con Dios. El Espíritu Santo es el maestro de la oración cristiana.

La oración de Santa María

   Para descubrir y recorrer la senda de la oración que agrada a Dios, la Virgen va por delante y nos ayuda para que sea un camino seguro. Ella rumiaba los acontecimientos en su corazón, dice San Lucas, en continuo diálogo interior con Dios; Ella nos enseñó a orar con aquel fiat (hágase) fundamental y con el magnificat (su himno de humildad y reconocimiento); Ella introduce al trato con Jesús, como en Caná: «Haced lo que Él os diga» (Juan 2,5); y Ella inauguró la oración de la Iglesia tras la partida de su Hijo al cielo, reunida con los Apóstoles en el Cenáculo, cuando «perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la Madre de Jesús» (Hechos 1,14). Debemos tomar ejemplo de Ella, que es nuestra Madre.

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