Lección de La pequeña locomotora (p)

Duración: 10 minutos

Una pequeña locomotora de vapor debía arrastrar un largo tren.

    Andaba muy bien hasta que llegó a una empinada colina. Entonces, por mucho que se esforzaba, no lograba mover el largo tren.

    Tiró y tiró. Sopló y resopló. Retrocedió y avanzó. ¡Chu-chu! ¡Chu-chu!

    Pero era inútil. Los vagones no subían por la colina.

    Al final la locomotora dejó el tren y echó a andar sola por las vías. ¿Creéis que había dejado de trabajar? ¡Claro que no! Iba en busca de ayuda.

    “Sin duda encontraré a alguien que me ayude”, pensaba.

    La pequeña locomotora cruzó la colina y continuó la marcha. ¡Chu-chu! ¡Chu-chu!

    Pronto vio una gran locomotora de vapor que se encontraba en un  tramo lateral. Parecía muy grande y fuerte. Pasando al lado, la pequeña locomotora dijo:

    -¿Me ayudarías a traer mi tren desde el otro lado de la colina? Es tan largo y pesado que no puedo subirlo.

    La locomotora grande miró a la locomotora pequeña.

    -¿No ves que he terminado mi día de trabajo? –dijo-. Me han fregado y lustrado para mi próximo viaje. No, no puedo ayudarte.

    La pequeña locomotora lo lamentó, pero continuó su camino. ¡Chu-chu! ¡Chu-chu!

    Pronto llegó adonde otra locomotora grande descansaba en un tramo lateral. Soplaba y resoplaba, como si estuviera cansada.

    “Ella podrá ayudarme”, pensó la pequeña locomotora. Se le acercó y preguntó:

    -¿Me ayudarías a traer ni tren desde el otro lado de la colina? Es tan largo y pesado que no puedo subirlo.

    La segunda locomotora respondió:

    -Acabo de llegar de un viaje muy largo. ¿No ves que estoy muy cansada? ¿No puedes conseguir otra máquina que te ayude?

    -Lo intentaré –dijo la pequeña locomotora, y reanudó la marcha. ¡Chu-chu! ¡Chu-chu!

    Al rato se encontró con una locomotora pequeña, igual que ella. Se le acercó y dijo:

    -¿Me ayudarías a traer mi tren desde el otro lado de la colina? Es tan largo y pesado que no puedo subirlo.

    -Claro que sí –dijo la locomotora pequeña-. Me alegrará ayudarte, si puedo.

    Así las pequeñas locomotoras regresaron adonde estaba el tren. Una locomotora se puso a la cabeza del tren, y la otra a la cola.

    Resoplaron, chirriaron, pistonearon, y al final arrancaron.

    Poco a poco los coches se pusieron en movimiento. Poco a poco subieron la empinada colina. Mientras subían, las dos locomotoras se pusieron a cantar:

    -¡Creo-que-puedo! ¡Creo-que-puedo! ¡Creo-que-puedo! ¡Creo-que-puedo! ¡Creo-que-puedo! ¡Creo-que-puedo! ¡Creo-que-puedo! ¡Creo-que-puedo! ¡Creo-que-puedo!

    ¡Y pudieron! Muy pronto habían subido la colina y bajaban por la otra ladera. Ahora estaban de nuevo en la llanura, y la pequeña locomotora podía arrastrar el tren sin ayuda. Así que agradeció a la otra locomotora su ayuda y se despidió.

    Y mientras continuaba alegremente su camino, canturreaba:

    -¡Creí-que-podía! ¡Creí-que-podía! ¡Creí-que-podía! ¡Creí-que-podía! ¡Creí-que-podía! ¡Creí-que-podía! ¡Creí-que-podía! ¡Creí-que-podía! ¡Creí-que-podía! ¡Creí-que-podía! ¡Creí-que-podía!

    William J. Bennett. El libro de las virtudes. Vergara.


1. Una pequeña locomotora debía arrastrar un tren ...
2. No pudo subir la empinada ...
3. Se fue a buscar ...
4. ¿A cuántas locomotoras grandes pidió ayuda? A ...
5. Por fin le ayudó una locomotora ...
6. Una se puso a la cabeza del tren y la otra en la ...
7. Las dos locomotoras cantaban Creo que ...
8. ¿Qué le dio a la nueva locomotora? Las ...
9. Siguieron su camino con ...
10. Siempre podemos prestar ayuda a los ...
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