Lección de La Resurrección

Duración: 10 minutos

El sepulcro vacío

    El día siguiente al sábado, al amanecer, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio quitada la piedra del sepulcro; entonces echó a correr, fue a Simón Pedro y al otro discípulo al que Jesús amaba (Juan), y les dijo:

   – Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto. Salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio allí los lienzos caídos, pero no entró. Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos caídos, y el sudario que había sido puesto en la cabeza, no caído junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó. No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos. Los discípulos se volvieron de nuevo a casa. (Juan 20, 1-10)

Juan, que llegó antes -quizá porque era más joven-, no entró por deferencia hacia Pedro. Esto insinúa que ya entonces Pedro era considerado como cabeza de los Apóstoles.

(Pintura: Entierro. TOURNER, Nicolás. Museo de los Agustinos. Toulouse). 

Aparición a María Magdalena

   María estaba fuera llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y vio a dos ángeles de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies, donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos dijeron:

   – Mujer, ¿por qué lloras? Les respondió:

   – Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.

   Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dijo Jesús:

   – Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo:

– Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dijo:

   ¡María! Ella, volviéndose, exclamó en hebreo:

   – ¡Rabbuni!, que quiere decir Maestro. Jesús le dijo:

   – Suéltame, que aún no he subido a mi Padre; pero vete a mis hermanos y diles: subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Fue María Magdalena y anunció a los discípulos:

   – ¡He visto al Señor!, y me ha dicho estas cosas. (Juan 20, 11-18).

El ejemplo de María Magdalena, que persevera en la fidelidad al Señor en momentos difíciles, nos enseña que quien busca con sinceridad y constancia a Jesucristo acaba encontrándolo. El gesto familiar de Jesús que llama «hermanos» a sus discípulos, a pesar de haberle abandonado, nos debe llenar de esperanza en medio de nuestras infidelidades.

(Pintura: Noli me tangere. HOLBEIN, Hans, el Joven. Colección Real. Hampton Court).

Soborno de los soldados

   Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido. Reunidos con los ancianos, después de haberlo acordado, dieron una buena suma de dinero a los soldados con el encargo de decir:

   Sus discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras nosotros dormíamos. Si esto llegara a oídos del procurador, nosotros le calmaremos y cuidaremos de vuestra seguridad. Ellos tomaron el dinero y actuaron según las instrucciones recibidas. Así se divulgó este rumor entre los judíos hasta el día de hoy. ( Mateo 28, 11-15).

Como el asunto era urgente, optaron por sobornar a los guardias: les dieron bastante dinero con la condición de divulgar que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo de Jesús mientras dormían. «¡Astucia miserable!, dice S. Agustín, ¿presentas testigos dormidos? ¡Verdaderamente estás durmiendo tú mismo al imaginar semejante explicación!» (Enarrationes in Psalmos, 63,15).

 (Pintura: Llevando la cruz. FLANDES, Juan de. Catedral de Palencia).

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