Lección de La resurrección de Cristo, la mayor prueba de que es Dios

Jesucristo murió verdaderamente y resucitó también de verdad. Se apareció repetidas veces a sus discípulos, y estos lo atestiguaron. Sus enemigos querían ocultar esta prueba de su divinidad (cfr. Mateo 28,11-15). La resurrección de Cristo es la mayor prueba de que es Dios, pues resucitó por su propia virtud o poder.

Jesucristo es verdadero hombre

    Jesucristo es igual a nosotros, menos en el pecado y el error. Él no tuvo ningún pecado, ni se equivocó jamás. Sin embargo, tuvo madre como tenemos nosotros; trabajó con sus manos, ayudando a San José; tuvo hambre y sed, comía y bebía; se cansaba después de hacer un esfuerzo; tuvo amigos y lloró cuando murió su amigo Lázaro; se alegraba con sus discípulos, con los niños… Jesucristo no sólo es perfecto Dios, sino que además es perfecto hombre.

Jesucristo vive y es nuestro modelo

    Jesucristo venció a la muerte. resucitó y subió al cielo. Como Dios, está en todas partes y todo lo ve y lo oye. Jesucristo está en el cielo y en la Eucaristía.

    Podemos hablar con Él de nuestras cosas y de sus cosas. Él nos escucha y nos habla, no con palabras sino en nuestro corazón. Tenemos que aprender de Jesús porque con su vida, con sus obras y sus palabras, nos enseñó lo que tenemos que hacer para salvarnos y cómo lo tenemos que hacer. Él mismo ha dicho: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14,6).

Hay que conocer y tratar a Jesús

    Los amigos salen juntos, conocen dónde vive cada uno, cómo piensa, cuál ha sido su vida, hablan de sus cosas. Con Jesús pasa lo mismo. Si queremos tratarle, lo encontraremos en el evangelio, en la oración y en el sagrario.

    – El Evangelio. Cuando leemos el evangelio conocemos más a Jesús: cómo es, cómo quiere a sus amigos, lo que espera de ellos. Por eso, debemos leer todos los días el evangelio, aunque sólo sea unos minutos.   

    – La oración. Podemos hacer un rato de oración en la iglesia o en nuestra casa, en un lugar donde estemos tranquilos y en silencio, para hablar con el Señor de lo que nos preocupa, pidiéndole lo que necesitamos o deseamos y dándole gracias por todo.

    – La Visita al Santísimo. Aunque Jesús está en todas partes, porque es Dios, está de una manera especial en el Sagrario. Es muy bueno que todos los días vayamos a hacerle una visita, aunque sea corta, para saludarle, hablar con Él y escuchar lo que nos dice en el fondo de nuestra alma. También podemos saludarle con el corazón cuando vemos una iglesia, pensando que está en el Sagrario.

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