Lección de La sorpresa de un incrédulo

En una reunión de bastantes personas, uno que presumía de no tener fe dijo en voz alta que estaba en contra de la existencia de Dios. Como todos guardaban silencio, dijo:

   – Jamás hubiera creído ser el único que no cree en Dios, entre tantas personas inteligentes. La dueña de la casa le contestó:

   – Se equivoca, señor; no sois el único: mis caballos, mi perro y mi gato comparten con usted ese honor, con la diferencia de que esos buenos animales tienen el talento de no presumir de ello.

(Pintura: Moisés salvado de las aguas. RAFAEL Sanzio de Urbino. Palacio Pontificio Vaticano)

Volver a: Consentimiento de los pueblos