Lección de La Trinidad, misterio de un solo Dios y tres Personas realmente distintas

Los misterios nunca podremos comprenderlos porque nosotros somos limitados y nos superan; sin embargo, hemos de intentar conocerlos cada vez mejor, para que nuestra fe sea firme y operativa.

    El misterio de la Santísima Trinidad consiste en que en Dios hay una sola esencia y tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Sano, cada una de las cuales es Dios, sin ser tres dioses sino un solo y único Dios.

    Podemos comparar este misterio con el sol: el sol está en el cielo y produce luz y calor; la luz y el calor no son distintos al sol. Pues algo parecido es la Trinidad: el Hijo y el Espíritu Santo son iguales en naturaleza al Padre, pero son un solo Dios.

    El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios. Tres Personas y un solo Dios.

La salvación, obra de la Trinidad

    Todas las cosas creadas las ha hecho Dios, Uno y Trino. Dios creó el mundo, aunque la creación se atribuya al Padre; Dios realizó la Redención, aunque sólo la segunda Persona -el Hijo- se hizo hombre y murió en la cruz; Dios nos santifica, aunque la santificación la atribuimos al Espíritu Santo. De ahí que, cuando agradecemos a Dios todo lo que ha hecho por nosotros, tenemos que dar gracias a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo.

Inhabitación de la Trinidad en el alma en gracia

    Aunque no es fácil de explicar, es una verdad que nos llena de alegría saber que el hombre que vive en gracia (sin pecado mortal) es templo vivo de la Trinidad Beatísima (cfr. Juan 14,23). Desde el día de nuestro bautismo, si no rechazamos a Dios por el pecado mortal, está en nuestra alma Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

    Tenemos a Dios dentro de nosotros para santificarnos, para ayudarnos, para estar con nosotros, porque nos ama. Podemos hablar con la Trinidad Beatísima, sabiendo que nos escucha y atiende nuestras súplicas. Esto lo sabemos por la fe y, aunque no lo veamos ni lo sintamos, es verdad. Cuando estamos en gracia ¡somos templo de Dios!

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