Lección de Los hombres nacen con este pecado y sufren las consecuencias

Al ser Adán principio y cabeza del género humano, perdió él la gracia y los dones que la acompañaban, y los perdieron sus descendientes: en Adán pecó todo el género humano. Es decir, al recibir de nuestros primeros padres la naturaleza, la recibimos manchada con aquella culpa y, por tanto, privados de la gracia y de todos los demás dones; y por perderse la armonía interior, quedamos inclinados al pecado (concupiscencia). Esto es lo que se llama pecado original, con el que todos nacemos.

Consecuencias del pecado original

    En el pecado de Adán tuvieron origen todos los pecados y males de la humanidad. 

Todos los hombres nacemos con las gravísimas consecuencias del pecado original, privados de la gracia y, por tanto, en estado de pecado e inclinados al mal. Por eso existe en nosotros la inclinación al pecado, a la que denominamos concupiscencia. Ésta se pone de manifiesto en el ansia desordenada de cosas terrenas: de goces, bienes, honores… También vivimos los hombres en medio de innumerables penas y calamidades y, finalmente, la muerte. Por el pecado original, el demonio adquirió influencia sobre el mundo.

Dios se apiadó de los hombres y les prometió un Redentor

    A pesar del pecado, Dios se compadeció de los hombres y les prometió la futura redención: prometió que del género humano saldría un Redentor -Jesucristo-, que salvaría a la humanidad del pecado y de sus consecuencias.

Volver a: Los primeros padres desobedecieron