Lección de Los primeros padres eran muy felices en el paraíso terrenal

Dios, llevado de su amor, creó a los hombres para que un día pudieran contemplarle y vivir eternamente junto a Él.

    Por eso los hizo partícipes de su vida divina. A tan grande e inmerecido don lo denominamos gracia santificante o vida en gracia.

   Además, Dios los puso en un lugar estupendo -el paraíso terrenal- y les dio otros muchos dones inmerecidos: iluminó su inteligencia y fortaleció su voluntad, estando exentos del error y de la inclinación al mal; los libró del dolor, de la enfermedad y de la muerte (dones preternaturales).

   Estos dones -sobrenaturales y preternaturales- debían ser transmitidos por Adán y Eva a sus descendientes.

La prueba de los primeros padres

    Igual que a los ángeles, Dios quiso someter a nuestros primeros padres a una prueba y les puso un mandamiento para probar su fidelidad. Su lo cumplían, conservarían para sí y sus descendientes las gracias y dones que Dios les dio; si no lo cumplían, perderían las gracias y dones para sí y para sus descendientes. Dios, que podía imponer este mandato porque es Dueño y Señor absoluto del hombre, quería que vencieran.

Los primeros padres pecaron

    Tentados por el demonio, padre de la mentira, Adán y Eva desobedecieron a Dios y pecaron. Fue un pecado de soberbia, pues quisieron ser como Dios, y se sometieron al demonio. Con este pecado perdieron la amistad divina (gracia) y los dones preternaturales que Dios les había dado gratuitamente; hasta sus fuerzas naturales quedaron heridas y, quebrada la armonía interior, sintieron la inclinación al mal. Quedaron sometidos a la concupiscencia -inclinación al pecado-, que no es pecado pero incita al mal.

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