Lección de Los sacramentos de la Iglesia

Cristo confió los sacramentos a su Iglesia, y podemos decir que son «de la Iglesia» en un doble sentido: la Iglesia hace o administra o celebra los sacramentos, y los sacramentos construyen a la Iglesia (el bautismo genera nuevos hijos de la Iglesia, etc.) Existen, pues, por ella y para ella.

Los sacramentos de la fe

   Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios, pero, como signos, también tienen un fin instructivo. No sólo suponen la fe, también la fortalecen, la alimentan y la expresan con palabras y acciones; por eso se llaman sacramentos de la fe.

Efectos de los sacramentos

    Los sacramentos, si se reciben con las disposiciones requeridas, producen como fruto:

    a) Gracia santificante. Los sacramentos dan o aumentan la gracia santificante. El bautismo y la penitencia la dan; los otros cinco aumentan la gracia santificante y sólo se deben recibir estando en gracia de Dios. El que los recibe en pecado mortal comete pecado de sacrilegio (Lesión o profanación de cosa, persona o lugar sagrado).

    b) Gracia sacramental. Además de la gracia santificante que conceden todos los sacramentos, cada uno otorga algo especial que llamamos gracia sacramenta. Es un derecho a recibir de Dios en el momento oportuno la ayuda necesaria para cumplir las obligaciones contraídas al recibir aquel sacramento. Así, el bautismo da gracia especial para vivir como buenos hijos de Dios; la confirmación concede fuerza y valor para confesar y defender la fe hasta la muerte, si fuera preciso; el matrimonio, para que los cónyuges sean buenos esposos y eduquen cristianamente a sus hijos; etc.

    c) Carácter. El bautismo, la confirmación y orden sacerdotal conceden además el carácter, que es una señal espiritual e imborrable que confiere una peculiar participación en el sacerdocio de Cristo. Por eso, estos tres sacramentos sólo pueden recibirse una vez.

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